Mi querido amigo el profesor Pedro Jiménez Estévez, ilustre añoverano, me comenta y documenta un episodio que oyó contar a su padre y que ocurrió en su pueblo a finales de diciembre de 1963.
El Tajo bajaba con una enorme crecida, tres vecinos de Añover vadeaban el río en la vieja barcaza que comunicaba las dos orillas en el paraje del Arroyo de Valdelobos para ir a sus labranzas, cuando estaban en mitad del trayecto la fuerza de la corriente hizo que el cable que unía las dos orillas y amarraba y estabilizaba la plataforma se partiera y fuera a la deriva corriente abajo hasta embarrancar en una pequeña isla arenosa. Tres vecinos, desde la orilla, ven el incidente y tratan de socorrer a sus paisanos, se embarcan en un pequeño bote de remo y tratan de llegar hasta ellos, pero una 'chorrera' hace naufragar la barca, consiguen agarrarse a un gran árbol, arrancado de la ribera, varado en mitad de la corriente. Poco a poco se fue congregando gente del pueblo que trataba a la desesperada de dar soluciones para auxiliarlos, sobre todo a los tres hombres aferrados al árbol que, en cualquier momento, podían ser arrastrados por la corriente y morir ahogados. Intentaron, atados en largas sogas, llegar hasta ellos, acercar otra barca… pero la fuerza del agua los hizo desistir. Decidieron pedir una barca grande al cercano pueblo de Aranjuez, se pusieron en contacto con el propietario, que les pidió por adelantado 1.500 pesetas por el servicio y 8.000 de fianza. Cuando el ya numeroso grupo de vecinos trataba a la carrera de juntar el dinero, una avioneta sobrevoló muy baja y les hizo señas indicando que los auxiliaría.
Un teniente del Servicio de Búsqueda y Salvamento del Ejército del Aire que realizaba un vuelo de reconocimiento, por casualidad, vio el suceso. Volvió a la base, se lo comentó a su capitán, que de inmediato voló a lugar del suceso, comprobó la situación, localización, hizo las señas a los vecinos y llamó por radio a la base de la escuadrilla de helicópteros de Getafe para que enviaran uno de inmediato argumentando que era la única manera de rescatarlos con vida.
En unos veinte minutos allí estaba el helicóptero. Y los habitantes de Añover que fueron testigos nunca olvidarían el episodio. En primer lugar, en una arriesgada maniobra, los tripulantes del helicóptero izaron con cables a las tres personas del árbol, ya en situación crítica, sin fuerzas y con síntomas de hipotermia y trasladados a tierra donde fueron atendidos. Después, acercándose a la barcaza varada todo lo posible pasaron a los otros tres al interior del aparato. En pocos minutos se hizo el rescate con la alegría y algarabía de todos. Al día siguiente, el alcalde de Añover envío una carta agradeciendo el servicio al comandante del 57 escuadrón de Búsqueda y Salvamento e imagino que mandaría otra poniendo a 'caer de un burro' al interesado e insolidario barquero de Aranjuez.