El Carnaval hunde sus raíces en ritos arcaicos paganos ametalados a lo largo de la historia que festejan, en realidad, el final del invierno y el principio de la primavera en la que el ciclo de la naturaleza despierta de nuevo. La primavera es símbolo de la vida, así como el invierno lo es de la muerte, por esa razón, en muchos de nuestros pueblos estaba ligado el Carnaval con las Cofradías de Ánimas.
Desde principios de febrero iban apareciendo por todas las localidades de la Península las hogueras purificadoras y los rituales de fertilidad y, ya en esos días, eran habituales las mascaradas, los ritos de inversión, los excesos y las irreverencias contra los poderes establecidos, de las que por desgracia quedan ya muy pocas muestras.
Una de las características de las fiestas populares es la necesaria y obligada participación de todos y el mejor ejemplo de fiesta popular es el Carnaval, como fiesta de las fiestas y la que se adapta con más flexibilidad al cambio-inversión social.
Según el maestro Julio Caro Baroja, el Carnaval, desde la Edad Media en Europa, sería consecuencia de la existencia de un orden del año cristiano, en el que, junto con un largo período con un contenido social y religiosamente definido por unas normas rígidas y estrictas, aparece otro inmediato caracterizado por un comportamiento individual y colectivo contrario al que caracteriza o debe caracterizar al otro. Las licencias y excesos carnavalescos serían así, una forma de conseguir el equilibrio psíquico y social, un desfogue, una válvula de escape para evitar males mayores y que el orden establecido no reventara.
«Carnestolendas» era como se llamaba en principio en castellano a este periodo: «Los tres días de carne que preceden al Miércoles de Ceniza, en los cuales se hacen fiestas convites y otros juegos para burlarse y divertirse con que se despiden de este mantenimiento. Es voz compuesta de las latinas Caro y Tollo que significa las carnes que se han de quitar», leemos en el Diccionario de Autoridades. El Miércoles de Ceniza es el primer día de Cuaresma y a partir de ese momento debía respetarse el ayuno y la abstinencia. La ceniza que se impone simboliza la muerte, la fugacidad de la vida y de las cosas, Después, poco a poco, se fue imponiendo el vocablo «carnaval» que es voz italiana, «carnelevare» (de carne y levare, quitar) pero con el mismo significado.