Febrero del año 1960 vino metido en agua. Casi todo el mes se tiró lloviendo y en la mayoría del país los ríos se salieron de madre. La crecida del Alberche fue tremenda, subiendo sin parar a cada momento y anegando las vegas a su paso, potenciada por el deshielo rápido de las nieves acumuladas en la Sierra de Gredos. La carretera de Madrid a la salida de la ciudad estuvo varios días cortada, entre los kilómetros 114 y 115, la zona de Palomarejos se convirtió en un inmenso lago.
El día 22 de febrero el pantano del Alberche en Cazalegas se puso a reventar; todas las compuertas abiertas de par en par, pero, aún así, el agua metía una enorme presión en los costados al empujar sobre la tierra que reforzaba los laterales del embalse construido en los años cuarenta. La cosa se puso tan seria que los técnicos temieron la rotura de la presa, y así lo comunicaron a las autoridades, con el evidente riesgo y desgracia que ocasionaría en Talavera. Aún estaba fresco en la memoria el recuerdo de la catástrofe de Ribadelago en Zamora, en enero del año anterior, que se llevó el pueblo por delante al reventar la presa de Vega de Tera. El Gobernador Civil de Toledo se trasladó inmediatamente al lugar para ponerse al frente de los trabajos junto con el alcalde de Talavera y el jefe de la Comandancia de la Guardia Civil, con efectivos del cuerpo y bomberos de Toledo y de Talavera. Pero lo que fue esencial para evitar la catástrofe es que desde Madrid se movilizó con urgencia una Compañía de Ingenieros del Ejército de Tierra con mandos y hombres preparados para el asunto y maquinaria adecuada que se complementaron muy bien con varias cuadrillas formadas con voluntarios llegados de los pueblos de los alrededores, fundamentalmente, de Talavera, Cazalegas, Lucillos, Los Cerralbos y San Román de los Montes.
La noche fue muy tensa y trabajaron deprisa y sin descanso hasta el amanecer, a la luz de varios reflectores muy potentes montados en los extremos de la presa, reforzando con cemento, vigas de hierro y postes de madera el terreno minado por la fuerza del agua. Al alba los contrafuertes estaban colocados, el temporal empezó a amainar, la riada comenzó a decrecer y Talavera a respirar.