Han pasado más de tres años desde el cierre de nuestro Virgen de la Salud y, en este tiempo, ha acumulado abandono, suciedad, hierbajos y gatos. La imagen icónica de ese monumental edificio en el que todos dejamos un trocito de nuestras vidas, se yergue fantasmal, mientras el barrio al que dio impulso en sus tiempos de gloria, languidece sumido en una dolorosa incertidumbre.
Qué voy a decirles, queridos lectores, de este imponente inmueble: yo me crie viendo cada día el Virgen de la Salud, y he lamentado su cierre desde antes de que se produjera. Nunca entendí la necesidad de trasladar todos los servicios sanitarios al magno Hospital del Polígono que, permítanme que les diga, es uno de los grandes fracasos de la Junta en Toledo. Seamos claros: este centro no ha sido bien acogido ni por pacientes ni por profesionales sanitarios dada la escasa funcionalidad de su diseño y la dificultad de sus accesos, entre otros aspectos que ahora no voy a mencionar.
Me quedo con el Virgen de la Salud: una, que se va haciendo mayor a golpe de desengaños y alimentada por el escepticismo, ya vaticinó que ese edificio imponente no iba a ser fácilmente derribado ni reutilizado. Tal vez se echó el cierre a la ligera, sin pensar que se dejaba a miles de vecinos, muchos de edad avanzada, sin una prestación sanitaria cercana, mientras se saturaba de organismos el Polígono, sin dotarlo de las infraestructuras adecuadas.
Ahora, da vergüenza y produce hasta miedo, tanto es así que me recuerda a la mansión de 'Psicosis', el estado que presenta el antiguo hospital de la avenida de Barber. Me temo que en cualquier momento se paseará entre sus ruinas el espectro de Norman Bates. Ahí ha quedado, al albur de administraciones como la Junta y el Estado que, en tres años, no han sido capaces de dar solución a un gran edificio que se ha convertido en un monumental escollo para revitalizar Palomarejos. Mientras el antiguo Virgen de la Salud permanezca abandonado y no se ofrezca una alternativa al inmenso espacio que ocupa, el barrio difícilmente saldrá de su agonía.
Hace falta que Page presione a la Seguridad Social, que exija que le cedan un inmueble que atesora el futuro de Palomarejos y, en definitiva, de Toledo. Señor presidente, hable usted lo que quiera de Pedro Sánchez, pero intente pasar a la historia de esta tierra, de esta ciudad, la suya, como el gestot que ofreció esperanza a sus vecinos. De momento, es usted el causante de la ruina de la estación de autobuses, de hurtar a los mayores el Hospitalito del Rey, de mantener el mamotreto del Quijote Crea y de la desesperación de muchos habitantes de los pisos negros. Por no hablar de otros hospitales como el Provincial y el del Valle, que pretende que pasen a formar parte de ese escenario tétrico que constituye el atrezzo de la ciudad. Colóquese del lado de los toledanos. Que ya toca.