«El problema económico se está convirtiendo en problemas de salud»

Leticia G. Colao
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Los afectados por la crisis de la Cooperativa San Isidro de Parrillas están viviendo un calvario. Se sienten desamparados y abandonados, mientras los ahorros, de toda una vida en la mayoría de los casos, siguen atrapados

En la imagen, algunos vecinos de Parrillas que tienen retenidos sus ahorros en la cooperativa SanIsidro, buscan una solución a su problema. - Foto: Peña

Chencho (d) necesita sus ahorros para pagar la residencia de su mujer.
Chencho (d) necesita sus ahorros para pagar la residencia de su mujer. - Foto: Peña

Los afectados por el grave problema financiero que vive la cooperativa San Isidro de Parrillas están viviendo en muchos casos los peores meses de sus vidas. Alrededor de 600 afectados, casi todos los vecinos del municipio más otros que, naturales de la localidad viven fuera de ella, han visto cómo les han restringido la retirada de efectivo de todos sus ahorros mientras que sólo les dejan acceder a sus pensiones, y no enteras, aseguran. La falta de liquidez de la sección de crédito de la cooperativa deja en un incierto limbo esos ahorros, vitales para el día a día de la mayoría de los vecinos.
En esta incertidumbre vive todo un pueblo, unos 400 vecinos, que desde hace un tiempo comparten un tema de inquietud: el futuro de la cooperativa. Las preocupaciones, en principio económicas, se están tornando en algo más grave, auténticos problemas de salud acrecentados en los últimos tiempos. Historias reales y muy duras que por el momento no encuentran solución. Todas con nombre propio.
 
Fernando, 44 años. Invidente
Uno de ellos es el caso de Fernando, parrillano de 44 años, invidente desde hace 22 y con un certificado de minusvalía del 100 por cien. Desde que conoció la noticia del ‘corralito’, le han tenido que trasladar en dos ocasiones hasta Urgencias por una subida de tensión que no puede controlar. «Me agobio mucho, me da por pensarlo y es que no tengo dinero para pagarlo todo», explica a este diario angustiado. Junto a él, igualmente afligida, Edi, la chica que le cuida desde que el pasado mes de enero falleciera su madre. Con una pensión de algo más de 700 euros al mes, asegura que no le llega para pagar esa ayuda y a la vez hacer frente a los recibos de luz, agua...
 
Paca, 82 años. Madre de dos hijos con discapacidad sobrevenida
Para Paca el problema de la cooperativa es la culminación a una vida cargada de dificultades, a cual más dura. La imposibilidad de acceder a sus ahorros se une a la discapacidad sobrevenida de dos de sus tres hijos, Jesús, por una negligencia médica, y José Manuel, en accidente de tráfico. Su marido, fallecido hace seis meses y pastor de profesión, era socio de la cooperativa desde su creación, en el año 54 y allí se encuentran los ahorros de toda una vida. «Los necesitamos para el día a día y no podemos cogerlos» explicaba Paca, todavía sin explicarse cómo ha podido pasar todo esto. 
En su rutina diaria y con 82 años, la mujer y sus hijos deben hacer frente al pago del centro de Apace, «el transporte, Santa Lucía, la contribución, el agua, la luz y una chica» que les ayuda con todo. «¿Y ahora qué hacemos?» se pregunta.
 
Chencho, 80 años. Pensionista
Dolorosa es igualmente la situación en la que se ha quedado Chencho. A sus 80 años, y después de pasar toda una vida como carbonero, debe pagar cada mes los 1.220 euros de la residencia donde se encuentra su mujer, ciega, en el vecino municipio de Navalcán. Gerarda no conoce los problemas económicos que atraviesa su marido, «para no preocuparla», dice, pero Chencho tendrá auténticas dificultades si esto no se soluciona pronto, ya que a la mensualidad de la residencia, tiene que sumar el trabajo de una joven que le ayuda en casa además de los gastos habituales. Todo, con una pensión que sobrepasa en 38 céntimos los 600 euros. 
El desasosiego generado por el tema de la cooperativa ha provocado que se agrave su enfermedad -Chencho está en tratamiento por un cáncer- ya que a éste se suma la situación de los hijos, que aunque quieren, no están en disposición económica de ayudarle, contaba con lágrimas en sus ojos.
 
Enriqueta, 93 años. Pensionista
Enriqueta vive una coyuntura similar. También se encuentra en la residencia de mayores de Navalcán y con apenas 600 euros de pensión, debe hacer frente a los 1.090 exigidos cada mes. El problema al que se enfrenta es que ahora no puede tirar de sus ahorros, «toda una vida ahorrando para no dar guerra cuando fuera mayor y ahora esto», decía apenada, a la vez que pedía «al menos, la mitad de mi dinero». A sus 93 años, y ayudada por su hijo, es consciente de que no puede estar sola ya que hace poco se rompió la cadera después de una caída propia de la edad.
 
Chencha y Benjamín, pensionista dependiente
Chencha y su marido Benjamín son otros de los afectados por este cierre de crédito en la cooperativa San Isidro. Su situación, especialmente complicada, se centra actualmente en la enfermedad de Parkinson que atraviesa el  antiguo alguacil del pueblo. Llorando, Chencha relataba a La Tribuna que no tiene fuerzas, ni físicas ni mentales, para lo que se la viene encima. Su marido, postrado en la cama, necesita la ayuda de una persona para levantarse, lo que se lleva buena parte de la pensión, único ingreso del matrimonio.
«Afortunadamente», aseguraban muchos, la mayor parte de ancianos del municipio retiraron la domiciliación de sus pensiones cuando comenzaron a oír los primeros rumores sobre el ‘corralito’, hace ahora tres meses.
 
Joaquín y Gregoria, pensionistas
Esta incertidumbre ha causado graves problemas de ansiedad a Joaquín y Gregoria, además de por no poder acceder libremente a su dinero, por necesitar la ayuda de sus hijos, todos residentes en Madrid. En este caso, una de ellas se ha trasladado a la localidad para cuidarles tras pedir una excedencia en su trabajo, aseguraba su hermana, Almudena Rodríguez. Sin embargo, añadió, «a otros muchos no les pueden ayudar sus hijos porque no tienen trabajo ni una buena situación económica...» En su caso, asegura que sus progenitores, como otros muchos, se han quitado muchos lujos en la vida para no depender ahora de nadie: «Y ahora les viene esto». «Ha sido la Caja de su pueblo, la de toda la vida, fundada hace más de 50 años la que les ha hecho esto», añade Almudena.
 
 
María Rosario, 89 años. Enferma de Alzheimer
Más rotunda se muestra Felipa París al hablar de su madre, María Rosario, una de las fundadoras de la cooperativa que ahora les quita el sueño. Ayudada por su hija desde hace años, sufre la enfermedad de Alzheimer además del problema financiero de la caja. «Si mi madre se muere no tiene ni para pagar el entierro».  
Ellos representan tan sólo algunas de las dolorosas historias a las que hacen frente desde hace unos meses los vecinos de Parrillas pero no son los únicos. Patrocinio, Sinforiano, Rosario o Patricio y Emilia ponen cara a otros casos que no dejan a nadie indiferente. Solo quieren su dinero y que les tiendan una mano:  «¿Es tanto pedir?» No, no puede serlo.