Pilar Gil Adrados

Entre Encinas

Pilar Gil Adrados


Tutmosis II y la casualidad

27/02/2025

Quizás sea pura casualidad que a lo largo de este mes de febrero distintas noticias sobre el antiguo Egipto hayan ido ocupando las páginas de actualidad.
Hoy, día 27, la casa Elstob subasta una maleta de Howard Carter que había permanecido, durante más de cincuenta años, olvidada debajo de una cama en el condado de Durham en Inglaterra. Todo hace pensar que el célebre arqueólogo empleó esa maleta para llevar de Luxor a Londres, durante los diez años que dirigió las excavaciones arqueológicas financiadas por lord Carnarvon, materiales y apuntes diversos sobre sus descubrimientos en el Valle de los Reyes. Allí, probablemente conocería a John Healey, padre del hasta hoy propietario de la maleta, con las inconfundibles iniciales de quien descubrió la magnífica e intacta tumba del faraón Tutankamón en 1922. 
Precisamente coincide con el anuncio la semana pasada de la identificación de la tumba de Tutmosis II, bisabuelo del bisabuelo de Tutankamón y el único faraón de la dinastía XVIII del que todavía no se sabía el lugar de su enterramiento. Tutmosis II era el esposo de la famosa reina Hatshepsut que, tras su fallecimiento, tomó el poder de Egipto y se autoproclamó faraón. Hatshepsut emprendió expediciones comerciales y grandes construcciones que favorecieron la prosperidad del país. Durante su reinado se avanzó en el conocimiento de la astronomía y en la instauración del calendario civil que permitía saber con bastante exactitud la evolución del Nilo, los períodos de inundación, resurgimiento y sequía, de vital importancia para su sistema productivo. Fruto de este conocimiento astronómico es la construcción del templo Abu Simbel para que cada 22 de febrero los rayos del sol entren en el santuario, iluminando la estatua de Ramsés II, de la dinastía XIX, y, de esa manera, conmemorar su coronación como faraón.
La tumba de Tutmosis II no es tan deslumbrante como la de su antepasado, pues los vestigios hallados revelan que está vacía desde poco después de que fuera enterrado, cuando se decidiría su traslado al quedar anegada y parcialmente destruida por una inundación. De hecho, el sarcófago y la momia se encontraron en 1881 en Deir el-Baharini con la mayoría de los faraones de las dinastías XVIII, XIX y XX, escondidos por los sacerdotes de la XXI, para protegerlos de los saqueos, en un momento de gran inestabilidad política.
Y puede que no sea mera casualidad que del minucioso y concienzudo estudio de los deteriorados restos del estuco decorado con azul y estrellas doradas del Libro del Amduat y de los pequeños fragmentos de alabastro con inscripciones que hacen referencia a Hatshepsut se haya podido, por fin, identificar la tumba como de Tutmosis II. Han sido necesarias muchas excavaciones previas en más de cincuenta tumbas en la necrópolis tebana al oeste del Nilo donde todas las momias pertenecían a esposas reales y a mujeres de la corte, lo que no logró desanimar al equipo del Dr. Litherland.