Se ha convertido en hábito, un tanto absurdo, reclamar el respeto a la opinión en las conversaciones, diálogos o coloquios, cuando al que la emite se le rebate, contradice, corrige, desaprueba, censura, reprueba o reprocha. Proclamar que todas las opiniones son respetables es cuestionar la existencia misma de la verdad y renunciar a la posibilidad de llegar a conocerla para obtener información objetiva y útil. Las opiniones ante todo son criticables por lo que pueden y deben someterse a examen, discusión y juicio, siendo, no obstante, digna de respeto la persona y, por supuesto, respetable la manifestación pública de lo que opine o piense porque, además, es un derecho fundamental.
Es un modo de pensamiento que cuestiona el conocimiento establecido y que abre las puertas al populismo científico en un tiempo, precisamente, en el que mundo se enfrenta a unos cuantos desafíos globales y a circunstancias de riesgo. El populismo científico cuestiona a las elites académicas y al conocimiento científico porque considera que su saber construido metodológica y racionalmente es muy inferior al sentido común de la gente corriente, por lo que discute su legitimidad en la toma de decisiones. Algunos ejemplos notorios son los debates sobre las vacunas, el cambio climático, el terraplanismo y el evolucionismo o sobre la necesidad de reforzar los instrumentos de política exterior, de seguridad y defensa comunitaria que permitan afrontar con ciertas garantías los peligros y amenazas que no se pueden solventar desde el Estado-nación frente al pacifismo moral que cree tener en su mano poder elegir a su enemigo.
Hace unos días que la FECYT (Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología) publicó su trabajo, que forma parte de un estudio mundial en el que participan cincuenta países, sobre la confianza en la ciencia y el populismo científico en España. En nuestro país, el grado de confianza en los científicos y en la ciencia es elevado y la mayoría está de acuerdo en que debería destinarse más dinero en investigación, si bien no deja de ser paradójico que, en una escala del 1 al 11, el 7,6 coincida en que los científicos solo deberían comunicar resultados seguros. Esto implica desconocer la naturaleza de la ciencia que ofrece resultados provisionales y certezas a medida que avanza y que, cuando es necesario tomar decisiones complejas porque el riesgo es alto, tiene que proporcionar evidencias en contextos de incertidumbre.
Para los españoles el primer objetivo de los científicos debería ser la salud, el segundo resolver problemas energéticos y el tercero la reducción de la pobreza. No les preocupa el desarrollo de la defensa y la tecnología militar a los españoles por lo que creen que no debería ser una prioridad para los científicos, si bien más del 70% de los españoles opina que la inversión en defensa y tecnología militar es una prioridad para la ciencia en España, en contra del parecer público.
El plan ReArm Europe invertirá 800 mil millones de euros en reforzar la capacidad militar europea y las empresas españolas podrán aprovechar esos fondos en nuevos proyectos gracias al avance científico en defensa y tecnología militar.