Pilar Gil Adrados

Entre Encinas

Pilar Gil Adrados


Alimentos para ayunar

13/03/2025

Como no acostumbro a beber cerveza, cualquier curiosidad cervecera, que será archiconocida para el común, me llama poderosamente la atención.  Desconocía el origen penitencial de la cerveza de trigo alemana Paulaner elaborada por los monjes de la Orden de los Mínimos, fundada por San Francisco de Paula, que se instalaron en Múnich en el siglo XVI, procedentes del sur de Italia. Sortearon hábilmente la prohibición de tomar alimentos solidos durante el ayuno de los días de Cuaresma, fabricando esta cerveza de trigo con mayor proporción de cereal de lo que era habitual para que fuera más nutritiva. Con este pan líquido, consiguieron que la privación de alimentos dejará de acuciarles y también, eso sí, dieron con una cerveza de mayor graduación alcohólica.
El ayuno y la abstinencia son costumbres ascéticas frecuentes desde antiguo y prácticamente la prescriben todas las religiones. Tanto para el budismo, el hinduismo, el islam, el judaísmo o el cristianismo, la privación de alimentos adquiere una importante carga simbólica, ya que ayunando se práctica la renuncia y el abandono de las cuestiones terrenales y materiales para atender las espirituales. Sin embargo, como es el caso de la cerveza de nuestros monjes, esa penitencia ha sido el origen de un rico repertorio de alimentos para ayunar que son exquisitos placeres gastronómicos.
Por ejemplo, los cristianos comienzan la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza, tras el Martes de Carnaval, o Martes Gordo, que se celebra en muchos lugares del mundo con alimentos "gordos" porque es la última oportunidad de comer toda la carne y alimentos grasos que se quiera, antes de someterse al ayuno y la abstinencia. Muy populares son los delicados panqueques de los países anglófonos o las deliciosas schiacciatas toscanas a base de manteca de cerdo. Es verdad que, en casi todas las regiones de España, el tiempo carnavalesco se inicia el jueves anterior. Durante ese Jueves Lardero -del latín lardarius o tocinero- se despliega una copiosa lista de contundentes especialidades para darse un buen festín. Sabrosas longanizas, chorizos y butifarras, las cocas de llardons con chicharrones y piñones, el hornazo de pan candeal relleno de lomo, morcón, torreznos y huevos cocidos, los bollos preñados de embutidos o las pataquetas rellenas con esgarraet valenciano.
Durante la Cuaresma, el creyente acompaña a Jesús en su penitencia, puesto que lo que se solemniza es su pasión, muerte y resurrección, preparándose espiritualmente con recogimiento y ayuno. Bien conocidos son también los increíbles dulces que surgieron para satisfacer la necesidad de ingerir alimentos con mayor aporte calórico, previa o posteriormente a la, real o supuesta, mortificación cuaresmal. Magnífica solución casera -a base de huevo, pan, harina, leche, miel, frutos secos, azúcar, canela, anís estrellado, ajonjolí, matalahúva, manteca, aceite de oliva o cáscaras de naranja y limón- de la que nacieron las torrijas, la leche frita, los pestiños, los buñuelos y las rosquillas para sobrellevar el ayuno. 
Dulces que en mucho se parecen a las chuparquías y al baklava que se consumen en el Ramadan o a las galletas maamoul rellenas de dátiles y pistachos de la cena previa al ayuno del Yom Kipur.