Pasado el difícil año de la inflación, los ganaderos de vacuno de carne mantienen unas cotizaciones récord en origen, sin que de momento se haya resentido mucho el consumo. Los elevados sacrificios que se acometieron, especialmente por las complicaciones de la sequía de 2023, y antes la crisis de los insumos y de las materias primas, todo ha llevado al sector a un problema que ya es estructural en toda Europa por la falta de vacas nodrizas y de pasteros que limitan la reposición -nunca antes tan cara-, y el cebo.
La asamblea de productores de carne, agrupados en la principal asociación profesional ASOPROVAC, han analizado estos días en Toledo el horizonte, tan positivo como incierto, sabiendo del riesgo que representa una escalada desbocada de precios que terminará cuando el consumidor elija otras carnes más económicas; de momento, también más caras, aunque salvando las distancias entre el pollo y la ternera. Así por ejemplo, la de cordero, lleva meses en máximos históricos en las lonjas por un problema similar de menor oferta en campo, acentuado desde la crisis de la viruela.
En este sentido, la interprofesional cárnica PROVACUNO, con un cometido más de promoción y de prospección de nuevos mercados, advierte de que es el momento de diseñar un plan para saber con qué márgenes podrá seguir trabajando el sector mientras no se logre el necesario equilibrio.
De momento, la importación va resolviendo ese desajuste como prueban los registros de 2024 donde Irlanda cubrió parte del déficit al incrementarse un 86 por ciento la operativa desde allí, para responder a las imperiosas necesidades de los ganaderos españoles. También subieron casi un 50 por ciento las compras de animales vivos de menos de 80 kilos desde Italia, mientras se produjo un frenazo en Francia, mercado natural y preferente que también tiene el mismo problema interno. En total, llegaron a nuestro país casi medio millón de bovinos de distintos orígenes que ocho meses después de su engorde, o antes incluso de tiempo, fueron al matadero o subieron al barco con destino a Marruecos, Argelia y a otros terceros como Turquía que ha empezado a comprar a Polonia por una relación calidad-precio muy competitiva.
En todo caso, y apelando siempre a la regla principal del libre mercado que explica normalmente por qué hay un índice y no otro -según sea la oferta y la demanda-, nadie se puede llevar a engaño, ni el ganadero, ni el productor, ni el operador, tratante o comerciante.
Porque el futuro estará en manos de un consumidor que sigue incorporando a su dieta otras fuentes de proteínas, reduciendo el consumo de carnes pese a que otro estudio, presentado esta semana por el foro empresarial donde están las principales industrias, y elaborado por Sigma Dos, diga que "solo el 1,5% de los españoles no come carne, y que más del 80% cree que una alimentación completa y equilibrada debe incluir el consumo de carnes".
El sector debe reposar todo en su justa medida, y trazar un horizonte de trabajo. Primero porque la falta de relevo generacional también le afecta, y segundo porque un déficit estructural de animales solo acaba resolviéndolo el mercado global. A ver si por no querer verlo, Mercosur, que ya vende en Europa 200.000 toneladas sobre un consumo estimado de 2,3 millones, más que un problema, va a ser finalmente la solución.