Carlos Calzada

Carlos Calzada


El talento, ¿individualidad o colectividad?

28/02/2025

Hoy me gustaría hablar del talento, esa palabra que tanto escucho. Y es que en el fútbol, como en cualquier otro deporte de equipo, el talento es una de las cualidades más codiciadas y admiradas. Es ese 'nosequé' especial que distingue a los jugadores excepcionales, aquellos capaces de cambiar el rumbo de un partido con una simple acción, con un regate, con un pase entrelíneas que solo él había visto o un gol imposible de explicar. 
Pero el talento tiene una cualidad para mí más increíble, y es que no es sólo un don individual. El talento, para mí, bien utilizado, es una energía contagiosa que puede elevar el nivel de todo un equipo.
Por tirar un poco de hemeroteca, basta con observar a los equipos más exitosos de la historia del fútbol y detectar un patrón común: cuando un jugador talentoso sobresale, su influencia no se limita a su propia actuación, sino que inspira y potencia a sus compañeros. Nadie puede negar que Lionel Messi, en el Barcelona, Diego Maradona, en el Nápoles o Zinedine Zidane, en el Real Madrid, no solo brillaban por sí mismos, sino que hacían que todos a su alrededor fueran mejores. Su lectura e inteligencia en el juego colectivo, su creatividad y su capacidad para resolver situaciones complicadas generaban confianza en sus compañeros y elevaban el nivel colectivo del equipo.
Sin embargo, el talento por sí solo no basta. Al contrario de lo que muchos piensan, no es un regalo caído del cielo, ni un atajo al éxito. Detrás de cada futbolista talentoso hay años de esfuerzo, sacrificio y trabajo meticuloso desde edades tempranas. Desde niños, los jugadores con mayor potencial dedican incontables horas a perfeccionar su técnica, mejorar su condición física y entender el juego en profundidad. Mientras otros disfrutan de su tiempo libre, ellos entrenan, repiten movimientos, estudian a sus ídolos y aprenden a superar la presión. Un gran sacrificio que, desgraciadamente, no asegura nada, y menos el éxito.
El talento sin esfuerzo y constancia se diluye con el tiempo. Sin embargo, el talento bien trabajado y combinado con esa dedicación, esfuerzo y sacrificio no solo alcanza la élite, sino que contagia a quienes lo rodean. 
En el CD Toledo, creo que hay jugadores talentosos, uno muy por encima del resto. Y en los equipos donde hay este perfil de jugadores, con, además, una ética de trabajo excepcional, el resto se siente obligado a seguir el mismo ritmo. Así, el talento deja de ser un privilegio individual y se convierte en un motor que impulsa a todo el grupo.
El CD Toledo tiene que ser un equipo motivado a crecer y exigirse cada vez más. Debe conseguirlo fruto de talento individual que aunque pueda marcar diferencias por sí solo, si logra la armonía del equipo logrará definir el éxito a largo plazo. 
Un jugador talentoso sin compañeros que lo entiendan y acompañen es como un violinista tocando en una orquesta desafinada. Por eso, cuando el talento se combina con trabajo y espíritu de equipo, da como resultado una sinfonía que trasciende generaciones y deja huella en la historia del fútbol. Aunque la huella que tiene que dejar, en este caso, dependerá de la consecución del objetivo a final de temporada.