Carlos Calzada

Carlos Calzada


El poder del ambiente en el fútbol

07/03/2025

Después de tantas columnas, creo que ha quedado claro que, desde mi punto de vista, el fútbol es mucho más que un deporte. Es cultura, casi arte, es identidad, es un fenómeno social capaz de mover montañas de emociones. Desde siempre, este deporte ha tenido el poder de unir, de generar sentido de pertenencia y de despertar pasiones que traspasan cualquier frontera. Pero, igual que puede ser un motor de alegría y unión, también puede convertirse en un caldo de cultivo para la tensión y el conflicto, si el ambiente que lo rodea no es el adecuado.
Los equipos que han marcado un momento en la historia no solo han tenido éxito por el talento de sus jugadores, como decía la semana pasada; han contado con algo aún más importante: un entorno positivo. Un vestuario unido de verdad capaz de anteponer lo colectivo a lo individual, una afición que empuja incluso en los momentos más duros dejando la queja a un lado y una prensa objetiva que construye siendo los ojos y los oídos del aficionado. No es casualidad que los clubes con proyectos sólidos y una buena estabilidad institucional acaben logrando mejores resultados que aquellos que viven en crisis constante, devorados y consumidos por sus propios problemas. Problemas en muchos casos magnificados.
Y aquí quiero detenerme en un punto clave: la afición. Un estadio lleno de apoyo, de ánimos, de conexión entre equipo e hinchas, puede ser el factor diferencial en un partido complicado. No hay mejor ejemplo que el 'miedo escénico' que imponen ciertos estadios míticos, en los que la energía de la gente transforma el rendimiento de los jugadores. Cuando la afición empuja, el futbolista encuentra esa chispa extra para darlo todo en la cancha. Pero cuando la presión se vuelve hostilidad, el efecto es el contrario. Equipos que sienten el peso de su propia gente terminan hundidos en una espiral de nerviosismo y dudas que los arrastra al fracaso.
Porque al final, los jugadores no son robots. Son personas, sienten, se emocionan, se frustran, necesitan confianza. Y lo hemos visto una y otra vez: futbolistas que parecen hundidos en ambientes tóxicos, luego resurgen dando un gran nivel cuando llegan a clubes donde se sienten respaldados y valorados.
El fútbol tiene un poder inmenso sobre las masas. Puede unir o dividir, construir o destruir. Y ahí entramos nosotros, los hinchas. La pasión no está reñida con el apoyo incondicional. Como aficionados, tenemos la responsabilidad de crear un ambiente positivo, porque de ahí nacen los grandes logros. Al final, en el campo de fútbol  y en la vida, el entorno lo es todo.
Es momento de estar unidos y ser capaces de exigir mucho, pero siempre desde el constructivismo y la positividad. Ya vivimos en una sociedad demasiado crispada como para que algo que no deja de ser un juego se convierta en más odio.
 

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