Fernando Díez Moreno

Política y Humanismo

Fernando Díez Moreno


Jacques Maritain, humanista

31/03/2025

Llegamos al final de los ejemplos de humanistas. Como recordarás en artículos anteriores no hemos referido a S. Juan Pablo II, a S. Tomás Moro, a Benedicto XVI, a Luis Vives y al Cardenal D. Marcelo, resaltando su condición de humanistas. En los tres artículos anteriores nos hemos referido a Erasmo de Rotterdam, a Cruz Martínez Esteruelas y a Raimundo Lulio. Le toca el turno finalmente a Jacques Maritain.
Sé muy bien que Jacques Maritain es prácticamente desconocido en España, con excepción de los ámbitos intelectuales cercanos al catolicismo. Pero ello no le quita la talla de gran humanista y de que sea imprescindible recoger en estos artículos una mención de su vida y un recordatorio de su obra.
Su educación se inició en el protestantismo. Su vocación filosófica le llevó al agustinismo. Y el encuentro con Santo Tomás de Aquino le condujo junto a su esposa Raissa a su conversión al catolicismo.
Aparece así su primera cualidad de humanista. El Papa San Juan Pablo II dijo que la "iluminación de la razón" había hecho de él uno de los principales artífices del renacimiento tomista, como respuesta a las necesidades de la cultura moderna y como vía para superar el divorcio entre razón y fe. Le cita expresamente en el punto 74 de la Encíclica "Fides et ratio", como modelo de pensador sobre la fecunda relación entre la filosofía y la palabra de Dios.
En segundo lugar, su condición de profesor en la Universidad de París y en la americana de Princeton, y del que surgiría sus libros "Introducción a la filosofía", "La persona y el bien común", "Tres reformadores" y "Distinguir para unir o los grados del saber".
En tercer lugar, su preocupación y dedicación al arte y a la poesía que dio origen a gran número de obras entre las que destacan "Arte y escolástica", "Fronteras de la poesía", "La intuición creadora en el arte y en la poesía", y "Situación de la poesía". En ellas destaca que el papel de la inteligencia en la creación artística está en relación con la virtud del arte y sus reglas, concebidas de manera espiritual y cercana a la intuición. La fuente que busca la inteligencia se alcanza cuando se une a las otras potencias de alma.
En cuarto lugar, su preocupación por el hombre quedó reflejada en sus libros "Humanismo integral" y "El hombre y el Estado", los más importantes a los fines que comentamos. Maritain no militó en ningún partido político, pero no rehusó el compromiso, considerando que el filósofo debía servir a la sociedad con su profesión.
Fue Embajador de Francia ante la Santa Sede (como Tomás Moro lo fue de su país); intervino en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre; participó en el Concilio Vaticano II y leyó su mensaje a los hombres de pensamiento; influyó en los programas e ideologías de los partidos democristianos europeos; y tras el fallecimiento de su mujer en 1960, se recluyó en una casa-monasterio, hasta el suyo en 1973.
¿Cuál fue la aportación de Maritain al humanismo cristiano?
Sostuvo que el humanismo tiende a hacer al hombre más verdaderamente humano y a manifestar su grandeza original mediante su participación en todo cuanto pueda enriquecerle de la naturaleza y de la historia, para lo cual el hombre debe, simultáneamente, por un lado, desarrollar las capacidades y virtualidades en él contenidas, su razón y sus fuerzas creadoras; y por otro, trabajar para transformar las fuerzas del mundo físico en instrumentos de su libertad.
Examinó por qué la sociedad europea se había descristianizado parcialmente a pesar de haber sido totalmente cristiana en la Edad Media. Estudió los elementos positivos surgidos del Renacimiento y la Reforma, tales como la rehabilitación de lo humano, la lícita autonomía de lo profano, la emergencia de la pluralidad de opciones políticas, y la importancia de la calidad personal al margen de las estructuras institucionales.
Sobre estas bases propuso un nuevo humanismo social y político fundamentado en: la aceptación del pluralismo; la acción de los laicos para la transformación de la sociedad; la distinción entre valores cristianos comunes y posturas personales; la autonomía relativa de lo temporal; la idea de que los cambios sociales son cuestión de ideas, pero también de comportamientos.
En definitiva, Maritain nos dijo que, si la modernidad era en el fondo una crisis del cristianismo, es decir, una enfermedad cristiana, la renovación solo podría surgir de una nueva y propia vitalidad del cristianismo. Orientó a los cristianos de su época que deseaban realizar su compromiso político o social, proporcionando criterios y análisis de la evolución del mundo moderno desde el Renacimiento al siglo XX.
Creo, amable lector, que hay motivos más que suficiente para considerar a Jacques Maritaín como uno de nuestros humanistas más importantes del siglo XX.