Es el prototipo de los humanistas del siglo XX, frente a los que piensan que, en un siglo laicista y materialista, como fue, no era posible la aparición de estas figuras.
Sus 'Obras Completas', editadas por la Fundación Tomás Moro, reúnen el conjunto de ensayos, libros, conferencias y artículos cuya ordenación y sistematización fue posible porque, no obstante la variedad y disparidad de los temas, tenían un hilo conductor que los unificaba, y era el humanismo cristiano. Juan Velarde le calificó como uno de los pensadores políticos más brillantes que ha existido en España en la última mitad del siglo XX.
Utilizando los criterios para detectar a un humanista, veamos cómo confluyen en él.
- La investidura cultural. Puede que los haya, pero yo no he conocido a un hombre más culto. Dominaba el derecho, la historia, el pensamiento político, la filosofía, la música, el cine, las bellas artes, la geografía, la naturaleza y la teología. Su inquietud por conocer la verdad, por llegar al fondo de las cosas, era permanente. Fue un apasionado de la lectura desde niño, y cultivó esa pasión hasta el final. En cierta ocasión le expuso a un Jefe del Estado Mayor de la Defensa como debía, en su opinión, organizarse las Fuerzas Armadas en España: sus misiones, su organización territorial, marítima y aérea, el número de efectivos necesarios, el escalafón de oficiales y los criterios de ascenso, entre otros muchos temas.
- El humanismo. Defendía un humanismo caracterizado por la preocupación por el hombre integral, por su alma trascendente, y por el sentido de la amistad, basado en un conocimiento profundo del legado greco-romano, del Renacimiento, del siglo XVIII y de la edad contemporánea. Sus Obras Completas son un testimonio irrefutable.
- La utopía. Cruz fue ante todo un utópico. Sus sueños y proyectos iban siempre muy por delante de las posibilidades reales de llevarlos a la práctica. Soñó con una España imposible en los tiempos que le tocó vivir. Creaba en sus sueños de manera permanente. Era un torrente de ideas. Era un hombre dotado para aunar pensamiento y capacidad de organización. Soñaba con unos niveles de entrega y de amistad, que los demás apenas podíamos seguir. No pudo realizar muchas de sus utopías porque careció de medios y de quien le ayudara a ponerlas en práctica.
- Competencia profesional. Como preparador de opositores al Cuerpo de Abogados del Estado, como Gerente de la Fundación March, como profesor de la Universidad San Pablo-CEU, como Abogado del Estado en el Tribunal Supremo, como Abogado en ejercicio libre, como Letrado de la Cortes, cuantos le conocieron atestigua su competencia.
- Virtud de la fe. La tuvo muy arraigada.
- Libró ingentes expresiones de afecto a su familia.
- Tuvo el sentido de la amistad, y dejó innumerables amigos.
- Y tuvo sentido del humor y de la ironía.
No fue un mártir, pero en los últimos años de su vida sintió el 'martirio' de su enfermedad, de su soledad y del alejamiento de tantos a los que había dado tanto. Su condición de hombre excepcional no le libró de los profundos sufrimientos físicos y espirituales con los que Dios, de manera inescrutable, suele señalar a los que elije.