Que aún hay esperanza es una máxima que se repite día sí y día también, sobre todo cuando tanto cuesta llegar a final de mes en una región en la que, como digo Elías Bendodo en un acto – «nos acuchillan a impuestos».
Esto de la esperanza, es como los gustos, para cada cual hay una específica. Unos tienen la esperanza de encontrar trabajo, otros de aprobar el examen de matemáticas y unos cuantos más tenemos un deseo denodado por cambiar el gobierno nacional y el regional.
Que Urtasun haya estado en Toledo viendo cómo la muralla está necesitada de una intervención sistemática y constante y nos lo venda como el «no va más para la banca» es signo inequívoco de que no tiene ni la más pírrica idea de lo que significa el patrimonio para nuestra ciudad, y en general en nuestra región. Si quien le acompañaba, por la arrabalera calle hacia la Puerta del Sol, era Tolón, la que «más pronto» esperamos dejar de tener que aguantar en la política por su falta de utilidad y su demostrado desconocimiento en la gestión, dense con un canto en los dientes si para dentro de unas semanas no volvemos a tener una rueda de prensa que anuncie lo presentado ayer, con foto, claro, no esperen otra cosa.
No tuve la oportunidad de oír al consejero del ramo informar de cuánto dinero pone la administración regional en la muralla toledana, será algo similar a la cantidad invertida en el edificio derruido en Oropesa, o a la cantidad dedicada a la reforma del crucero del Santa Cruz, porque la cultura no vende, como dice algún 'celebro'.
Que toda la cultura no es turística es una obviedad, pero que el patrimonio genera turismo también cae por su propio peso. Si perdemos la oportunidad de mantener, conservar y promover el conocimiento de nuestro pasado, las generaciones venideras nos retratarán por ello.
La cultura ha de ser accesible, el turismo ha de ser impecable en su actividad y las administraciones lo que tienen que hacer es planificar y ordenar, cuidar y mantener y dejarse de intervencionismos cutres. ¿Van a arreglar la muralla? Parece que sí. ¿Van a mejorar la conectividad entre las capitales de provincia castellanomanchegas y las carreteras a Madrid? Parece ser que no.