Juan Ignacio de Mesa

Barrio de Santo Tomé

Juan Ignacio de Mesa


La paja en el ojo ajeno

17/03/2025

Es evidente que mis opiniones no pueden ser del gusto de todos, si así fuera sería para mí un motivo de preocupación. Según está el patio en esta España nuestra, cada vez son más los casos en que se toma partido de forma incondicional por unos o por otros, independientemente de la falta de sentido de las decisiones que se adoptan. Si no estás de acuerdo con alguna medida adoptada por una administración que está en manos de un partido concreto, sus partidarios te van a definir como un «enemigo» sin siquiera pasárseles por la cabeza que haces uso de tu independencia para opinar con sinceridad sobre las consecuencias (o inconsecuencias) de dicha medida. Cada vez me preocupa más el ver el radicalismo en la defensa de lo que hacen los suyos, y la oposición radical a lo que hacen los otros.  El debate salta además a los medios de comunicación, lo que es de preocupar. Lo que fue un gran éxito de la Transición, que fue lograr que hubiera una prensa libre y mayoritariamente independiente, en la que determinados trabajos de investigación pusieron en entredicho a políticos de uno y otro signo, hoy se ha convertido en parte, en la caja de resonancia de las consignas de unos y de otros. En mi generación, éramos lectores de varios medios, formábamos criterio propio y lo discutíamos entre nosotros, independientemente de que hubiera simpatizantes, o incluso militantes, de partidos diferentes. Jugábamos con unas reglas de juego en las que el respeto al contrario y la sinceridad, permitían enriquecer cualquier debate. En el mismo se argumentaba por unos u otros y se podían llegar a conclusiones diferentes de las que habían servido de punto de partida. A veces se coincidía en llegar a un mismo planteamiento para solucionar un problema, o nos poníamos de acuerdo en el fin que se quería alcanzar, aunque hubiera diferencias en el modo de conseguirlo. Hoy es un escenario que me parece utópico. Aquí se defiende a los propios, aunque cometan las mayores tropelías o se sepa que van a vulnerar los más elementales principios jurídicos y éticos. Por desgracia, estoy seguro de que algunos de los que me lean, estarán sacando la conclusión de que yo estoy poniendo de manifiesto los errores de su adversario, sin tener la más mínima capacidad de autocrítica. Por favor, recuerden aquello de «ver la paja en el ojo ajeno…».