Pedro Carreño

La Ínsula

Pedro Carreño


El Capitán España

16/07/2024

Hubo un tiempo en el que la Marvel -llevada por algún plan de marketing internacional-, decidió que sus superhéroes no tenían que estar todos empadronados en Nueva York. Pensando y cavilando, llegaron a la conclusión de que cada país necesitaba un líder de cómic, y se pusieron lápiz a la obra. España tuvo uno, y se llamó Carlos Fraile. La Marvel le dio superpoderes y le convirtió en 'El Capitán España'. Ahí es nada.
Según sus creadores -Mark Millar y Brian Hitch-, el tal Carlos Fraile era un soldado del ejército español. Sus superpoderes le fueron concedidos por nano robots en la sangre, que le daban una fuerza descomunal. Sus diseñadores le imaginaron con una vestimenta de superhéroe que, además de resistencia y agilidad, le capacitaba para volar. El vestido era rojo y amarillo (o gualda, si se prefiere), y recordaba los taurinos trajes de luces. Está claro que los diseñadores se dejaron llevar por los tópicos hispanos.
Fraile fue escogido para el programa I.D.E. (Iniciativa de Defensa Europea), que elegía representantes de cada país europeo para luchar junto con el Capitán Britania, quién realmente mandaba. Nuestro superhéroe pasó la criba y, de todos los capitanes de Europa, fue seleccionado entre los más poderosos: formó terna con el Capitán Francia y el Capitán Italia, y se convirtió en la mano derecha del Capitán Britania, el director de lidia.
La primera misión que tuvo el Capitán España, fue detener a Thor junto a Los Ultimates. El I.D.E. creía que ese Thor era un falsario, y se había vuelto loco creyéndose el auténtico dios nórdico. Viñeta a viñeta, se supo que todo era una engañifa de Loki para que el auténtico Thor, Los Ultimates y todo el que pasaba por allí, se dieran de leches entre ellos.
Durante la batalla se derribó la Estatua de la Libertad. El encargado de reponer con éxito la estatua fue: ¡el Capitán España!. Sin duda, todo un reto para los amantes del cómic, de la ciencia ficción y también, de los valores que conlleva tan magna escultura.
Poco más se supo de aquel Capitán España después de aquella gesta. Es muy probable que fuera de las viñetas, y de regreso a la península ibérica, acabara licenciado del ejército y de la Marvel. Sin honores, y con sus méritos cuestionados. Seguramente, hoy en día, le habría tocado testificar ante alguna comisión de investigación, o en un juzgado por sus servicios en defensa de la libertad, la paz en su país, y en Europa. Desde los cómics alternativos y populistas, al tal Carlos Fraile le habría caído con toda seguridad la del pulpo. Y qué decir tiene a sus creadores.
En estos tiempos, nuestros superhéroes no necesitan llevar capa ni trajes pegados. Sus superpoderes están cimentados en el sentido común, la concordia, el respeto, la igualdad y la libertad. Es fácil verlos todos los días bajo las marquesinas de los autobuses, o en la bocas de metro para ir a trabajar. También en sus tractores, o abriendo sus negocios a primera hora. Con sus humildes superpoderes, luchan para que nadie derribe su estatua diaria de la libertad. Ni se queme la Constitución.