El vecindario de Río Yedra denuncia «un infierno diario»

J. Monroy
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Se lamentan del «gueto» que han formado los okupas de los Pisos Negros y piden soluciones «antes de que ocurra algo más gordo». Señala que ya se han dado ocupaciones en urbanizaciones colindantes

Vecinos de Río Yedra viven un infierno diario con los okupas - Foto: Yolanda Lancha

Están asustados, no se atreven a tirar la basura de noche, ni pasear por su calle. La gente mayor no acude al parque, sobre todo después de que recientemente a un vecino de más de ochenta años le quitaran la compra unos adolescentes de las 148 viviendas sociales de Río Yedra. Todo eso, por no hablar del trapicheo de droga o del vandalismo, como la quema de contenedores y un colchón.

Muchos son los problemas que los okupas de estos inmuebles de la Junta están dando a los vecinos del barrio. De allí se sospecha que pudo salir el asesino de Lorenzo, y también allí se refugió el agresor del director del colegio Rosa Parks, sin ir más lejos. Pero sin duda los que más lo están sufriendo son los vecinos más cercanos, como los de Río Yedra 3.

Residentes de estos adosados se lamentan de los problemas de convivencia con los okupas, que en muchas ocasiones «están de ocio y se dedican a hacer cosas que no deben, cuando les apetece nos tiran piedras, cuando les apetece tiran basura, o hacen carreras de coches, la música la ponen a tope hasta las cuatro o las cinco de la madrugada e incluso ahora en invierno se escucha en las casas».

Ellos, se lamentan, están hartos de llamar a la Policía, que efectivamente hace acto de presencia. Pero siempre hay alguien que avisa a los okupas para que paren en su actividad, para continuar después. Además, dudan mucho los afectados que si les ponen alguna multa la vayan a pagar.

Los contenedores están fuera de los contenedores y sin bolsa. Los perros están sueltos en el parque de atrás. Y para colmo, se están empezando a dar okupaciones en los unifamiliares del entorno de las 148, con amenazas incluidas a sus vecinos.

Cambio de vida. Algunos vecinos del entorno llevan allí más de tres décadas. Es un espacio tranquilo, cerca del instituto y del parque Lineal, no lejos del pabellón ni del parque de la Luz. Algunos problemas esporádicos comenzaron cuando se edificaron estas 148 viviendas. Hasta que con la pandemia comenzaron las okupaciones «y se ha convertido en  un gueto ya», apuntan asustados. 

A título particular, alguno de estos vecinos del entorno han hablado con todas las instituciones en busca de soluciones, y se muestran dispuestos a dirigirse donde haga falta. Entienden que se trata de un problema político, porque «alguna institución tiene que poner freno a los okupas, que hagan algo, porque esto se ha salido de madre, estamos muy preocupados, y no podemos siquiera vender nuestras casas, porque ya no las quiere nadie».

«La gente tiene, por supuesto, acceso a la vivienda, pero no se puede hacer un gueto, con gente que incluso ha venido de Madrid, se han metido allí y han formado su gueto de drogadicción, de violencia», se lamentan, convencidos de que, después del asesinato de Lorenzo, va a pasar «algo gordo» y «eso hay que atajarlo».