Rappel, el mito de la tele que todavía estaba allí

Á. de la Paz
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El vidente presenta en Toledo 'El futuro ya es ayer', una obra autobiográfica que recorre sus encuentros con celebridades del siglo XX y enaltece una intensa vida social ahora en desuso

Rappel y Ana Pérez durante la presentación del libro en el patio de luces del Ayuntamiento de Toledo. - Foto: La Tribuna

Antes de las redes sociales, ya existía Rappel (Madrid, 1945). Rafael Payá, que así se llama, aunque tal aspecto sea uno de los menos relevantes de su biografía, ha sido profesor de francés, modisto, vidente e icono de la televisión cuando pocos canales se disputaban el favor de las audiencias y salir por la pequeña pantalla suponía fama. Transmutado en cronista, El futuro ya es ayer recorre la propia vida de su prolífico autor, una semblanza azarosa e inconcebible sin las celebridades, aquellas que también existían antes de que se inventaran las celebrities.

Rappel llegó a Toledo con un abrigo de piel, cuatro acompañantes, y encantado por la limpieza que observó en la ciudad. Trasladó su felicitación al alcalde por la agradable imagen que le transmitió un lugar que ha recomendado a tantos amigos extranjeros. «Se respira una energía muy especial, desprende buen rollo», dijo el vidente sobre la capital regional, ese lugar en donde las «vibraciones» se traducen en «amor, armonía y tradiciones» y en el que le gusta imaginar a la gente que vivía en los balcones de sus calles estrechas.

Durante su parlamento, abundante y rico en personalidades, el astrólogo ensalzó a Toledo y le auguró una buena ventura en su carrera por la capitalidad europea de la cultura de 2031. «Seguro que lo vais a conseguir», respondió al saber del propósito municipal, una meta que le trasladó la edil del ramo, Ana Pérez, a la sazón anfitriona. La radio pública regional de la Comunidad de Madrid emitió desde el Ayuntamiento un magacín vespertino.

Porque Rappel no se concibe sin Madrid. Parece el vidente un personaje surgido de las columnas de Francisco Umbral. Presume de vida intensa y contactos con apellidos conocidos; se rodea de gente guapa y cuando se le pregunta por una anécdota aparecen Carmen Polo y Francisco Franco. Al dictador «fui a echarle las cartas al palacio del Pardo», rememora. El gallego, ya en la etapa postrera de su existencia, le preguntó por la suerte que correrían dos de sus nietos. El libro recoge este pasaje, también otro con una Cayetana de traje amarillo como protagonista, y otros tantos en los que las señoras dejaron de vestir «como cucarachas» en las bodas y se abrieron a nuevas gamas de colores.

A aquel niño de la posguerra las pocas que aún le sobreviven le llaman Rappelito. Tuvo a Gregorio Marañón de médico y Cristóbal Balenciaga fue su mentor en el mundo de la moda, donde hizo carrera. «He tenido la suerte de estar en la sitio adecuado con el personaje justo». El hacedor de vestidos y trajes, ya sin tutelas, aprendió a echar las cartas, a interpretar y predecir el futuro. «Era una vida rara, no es normal que un niño esté metido en la alta sociedad», explicó quien para entonces ya rozaba la mayoría de edad.

«Todas las señoras importantes de Madrid empezaron a venir a mi casa; el Hola estaba en mi casa», dijo en referencia a la revista que mejor ha contado tantas vidas bonitas. Echa en falta la «intensísima» vida social que disfrutó y lamenta la desaparición de puestas de largo, presentaciones en sociedad y pedidas de mano. «Ahora se van de viaje o se compran coches».