El toledano que está acostumbrado a sufrir por el estado actual de su río agradece las imágenes vividas estos días con un Tajo que inundaba sus margénes y traía un caudal más fuerte de lo habitual. Sin embargo, la crecida de esta pasada semana, por mucho que alcanzara máximos que no se tocaban desde hace 30 años, no se acerca a los valores de las grandes inundaciones toledanas, algunas datadas incluso en el siglo VIII durante la dominación musulmana de la ciudad.
Gracias a los registros documentales datados en la publicación 'El río Tajo, lecciones del pasado para un futuro mejor', de Beatriz Larraz y Alejandro Cano, se ha realizado la siguiente recopilación de avenidas sufridas en la ciudad. Un estudio que revela inicialmente que Toledo no presenta un extenso registro de inundaciones en comparación con otras ciudades que cuentan con ríos en su término municipal tales como Sevilla, Logroño o Talavera en esta misma provincia. Pese a ello, y aportando un orden cronológico, el registro de esta publicación comienza a albergar crecidas del Tajo en la Alta Edad Media.
Una de las primeras a las que hace referencia se da en el año 849, cuando Toledo se hallaba bajo dominación musulmana, constando de una inundación causada por la lluvia que arrasó 18 alquerías, lo que suele conocerse como casas de labranza con fincas agrícolas.
Las innumerables crecidas del Tajo a su paso por Toledo - Foto: Toledo OlvidadoSegún los 'Anales toledanos' recogidos en la publicación, que son crónicas anónimas de la época, varios monumentos toledanos como la Puerta del Vado o la Iglesia de San Isidro en la Antequeruela se vieron afectados por estas casuísticas en varios años de los siglos XII y XIII. Aunque, más curioso si cabe, es la reseña de los daños sufridos por el Puente de las Barcas, que presuntamente se destruyó por el impacto de varias crecidas en los años 1203, 1205 y 1211. Una infraestructura que se ubicaba junto al Torreón de la Cava. Daños que según «referencias de origen dudoso», como establece la publicación coordinada por Larraz y Cano, generaron también la venta de bienes de familias mozárabes instaladas en la zona.
Narran como la destrucción de este puente ocasiona el levantamiento del de San Martín a principios del siglo XIII, el cual también sufrirá daños en 1368 para restaurarse posteriormente en el siglo XIV, aunque no está claro si esa afección se produjo por nuevas inundaciones o por la Guerra Civil entre Pedro I y Enrique II de Trastámara.
Ya en el siglo XVI, el número de referencias sobre inundaciones aumenta destacando la del año 1527, cuando la fusión de nieve elevó la crecida del río hasta «Buena Vista». En 1545, una riada destruyó la Huerta de Alcurnia; en 1567 una creciente veraniega cambió el curso del río al romper una presa y en 1611, «las lluvias dañaron la escalera del Alcázar».
Las innumerables crecidas del Tajo a su paso por Toledo - Foto: Toledo OlvidadoAntes de llegar a las avenidas más conocidas por la sociedad toledana, las de 1876 y 1947, el estudio regala una anécdota curiosa encontrada en el Archivo General de Simancas, Valladolid. Este señala que el fondo de Secretaría de Guerra justifica la falta de producción de espadas prevista por la fábrica de Toledo entre 1780 y 1800 por las inundaciones sufridas por la ciudad en aquella época. Esto es así porque según revela el documento puesto en valor, en el siglo XVIII, Carlos III encargó a Francisco Sabatini la construcción de dicha fábrica, ubicándose la misma junto al molino de Azumel para aprovechar la fuerza motriz del río. De ahí que las avenidas mencionadas obligaran a detener la actividad de la maquinaria.
Siguiendo con el capítulo de crecidas, en 1876 se produce la conocida como «la de mayor magnitud en tiempos modernos», registrando los 15.800 metros cúbicos por segundo de caudal y quedándose a tan sólo cinco metros de «salvar las cítaras» del Puente Alcántara. La pasada semana, los máximos alcanzados por el caudal se quedaron en torno a los 300 m3/s. Por contextualizar.
En 1916, otra inundación anegó la zona de Safont interrumpiendo la circulación de trenes entre Madrid y Toledo, poniendo de manifiesto también respecto a la actualidad, la zona inundable en la que se encuentra la estación de tren y su entorno.
Ya en el siglo XX, la sociedad toledana mantiene los recuerdos de dos muy concretas. La famosa de 1947 con un gran reporte fotográfico y la de 1963 por la anécdota que obligó a trasladar el rodaje a Madrid de la película 'El fabuloso mundo del Circo', protagonizada por la actriz italiana Claudia Cardinale, que aprovechó la ocasión para fotografiarse con la crecida del Tajo en Toledo y que posee en la actualidad el archivo de 'Toledo Olvidado'.