La provincia registró 6.200 defunciones el pasado ano, un 2,4% mas que en 2023. De media, fallecieron 119 toledanos cada semana y 17 por día, una cifra que alcanzó un volumen más elevado durante los meses de invierno. La segunda semana de 2024, entre el 8 y el 14 de enero, dejó 183 óbitos, la mayor cifra parcial del curso. Por el contrario, la semana 38, comprendida entre el 16 y el 22 de septiembre, se saldó con 82 víctimas, el dato más bajo del ejercicio recién finalizado.
Sólo en siete de las 52 semanas del año se acumularon menos de un centenar de defunciones en la provincia. Las semanas más benignas para este indicador (de mayor a menor, semanas 38, 49, 37, 41, 20, 35 y 36) correspondieron, en líneas generales, con el final del verano, una época caracterizada por una climatología benévola y una escasa circulación vírica.
Por el contrario, los días con más letalidad se agruparon en las tres primeras semanas del año anterior la 2, 3 y 1 -en orden decreciente-, también en las semanas 22, 32 y 51. Las bajas temperaturas características de enero o diciembre tienden a agravar la incidencia de las enfermedades respiratorias; además, la temporada de gripe reaparece de forma estacional en estas fechas. También cabe reseñar el caso de la semana 32, un periodo que se alargó desde el 5 al 11 de agosto, y en el que se produjeron 141 fallecimientos en la provincia.
En este caso, las elevadas temperaturas propias de la canícula se apuntan como potencial causa del exceso de mortalidad detectado.
Durante el anterior 2023, se contabilizaron 6.164 decesos, lo que supone un incremento de 36 muertes en 2024. El aumento de la población y su progresivo envejecimiento propician cifras crecientes de fallecimientos. En cualquier caso, los acumulados anuales no alcanzan la magnitud que tocaron durante la pandemia. En 2020, el año más difícil del coronavirus, perecieron 8.156 personas en la provincia; en 2021, un ejercicio marcado por las sucesivas olas de la enfermedad, las víctimas ascendieron a 6.618 toledanos. En 2022, un curso iniciado con algunas restricciones sanitarias, se perdieron 6.232 vidas, un dato muy similar al último conocido. En 2019, el año previo a la alerta sanitaria, desaparecieron 6.067 vecinos.
El reparto por sexos muestra una mayor mortalidad entre los hombres. El pasado año, perecieron 3.209 varones y 2.991 mujeres, lo que eleva hasta el 51,8% la cuota masculina en tan funesta estadística.
LONGEVIDAD FEMENINA. Un total de 1.965 toledanos murieron con una edad de 90 años o superior. Esta longeva cohorte protagonizó casi uno de cada tres fallecimientos registrados el pasado año.
En estas etapas más tardías, hay una abrumadora presencia femenina. El 40,6% de las mujeres que fenecieron en la provincia en 2024 lo hicieron con 90 o más años. Por el contrario, los hombres que expiraron con este tiempo de vida disfrutado representaron apenas el 23,5% de todos los varones perdidos.
Afortunadamente, en la franja comprendida entre los cinco y los nueve años de vida, no se lamentó ninguna víctima. Respecto a la mortalidad infantil, se advierte de nueve fallecimientos de niños con una edad comprendida entre los cero y los cuatro años; en la misma franja, se contabilizaron tres decesos de niñas.
PEORES DATOS EN 2025. Las nueve primeras semanas del año arrojan un dato de mortalidad peor que el del año pasado en la provincia de Toledo. Hasta el 1 de marzo del corriente, se han registrado 1.300 decesos, lo que supone un 4,3% más que en el mismo periodo del año anterior.
El comienzo de 2025 mostró un comportamiento más favorable de este indicador. Hasta la cuarta semana, la que acumula un peor dato, con 164 muertos, se habían registrado un total de 597 decesos, un 5,7% menos que en idéntico lapso de 2024. Sin embargo, la evolución de este censo empeoró durante el mes de febrero, unas fechas caracterizadas por la elevada transmisión vírica.
El prolongado periodo de precipitaciones y temperaturas por debajo de lo habitual que ha definido el inicio de marzo también puede impactar en el resultado parcial del primer trimestre. Más allá de la variabilidad térmica, el creciente envejecimiento de la población toledana -también el aumento del censo- se adivina como un elemento decisivo para la evolución alcista del número de muertes anuales.