Cinco años después, la pandemia del Covid-19 sigue estando presente en el ámbito sanitario, donde la llegada de esta infección supuso un «tsunami» que alteró la asistencia hasta el punto de no haberse recuperado aún la normalidad. Es un hecho que confirma el gerente del Área Integrada de Talavera, José María Ruiz de Oña, quien, en declaraciones a La Tribuna, señala que la población todavía «no es consciente de que superamos una pandemia de una manera bastante razonable, sino que, además, nos ha tocado durante todos estos años digerir todo el tsunami de la alteración que, a nivel sanitario, supuso y ha supuesto aquella situación».
Como recuerda Ruiz de Oña, en el año 2020 había «dificultades para que las personas que tenían que operarse vinieran al hospital a operarse». Fue un año en lo que respecta a la actividad sanitaria «que perdió muchas oportunidades y que ha generado una bolsa de pacientes y de problemas sanitarios que se están digiriendo y que todavía queda algún resquicio». Sobre esta cuestión, el gerente sanitario explica que esto se traduce en que «se generan unos acúmulos de demanda asistencial que a veces al sistema le cuesta sacarlo adelante».
Hace ya cinco años de esa declaración del Estado de Alarma por el Covid-19 y, para Ruiz de Oña, lo que podría definir esos inicios de la pandemia, ya no en marzo de 2020 sino de finales de 2019, cuando «empiezan a surgir informaciones distantes de China», es que había «mucha incertidumbre que continuó durante los primeros meses de 2020. Es un tiempo en el que «no hay una información muy clara» pero sí «interpretaciones de todo tipo» mientras, de forma progresiva, comienzan a registrarse casos en España, en un momento en el que el diagnóstico «era poco menos que inviable de manera rutinaria».
En Talavera no fue hasta unos diez días después del primero registrado en la región cuando se detectó el primer caso, en un estado aún de «incertidumbre de cómo afectará» porque «no estaba afectando igual a todas las áreas sanitarias». En su papel de gerente del área sanitaria, Ruiz de Oña recuerda que esta situación la afrontó, de un lado, recurriendo a la experiencia de los planes de contingencia de otro tipo de pandemias, como la gripe.
«Lo que hicimos fue recuperar y actualizar y revisar con los diferentes servicios y profesionales los planes de contingencia que ya teníamos vigentes y los fuimos adaptando en función de la recogida de datos y de información de lo que había publicado, de lo que se iba conociendo en cada momento», recuerda Oña.
Todo ello se tradujo en la generación de circuitos unas tres semanas antes de registrarse el primer caso en el Hospital de Talavera. Se estableció en el servicio de Urgencias un plan de contingencia con doble circuito, con zonas de aislamiento y áreas para pacientes sospechosos de Covid.
Una vez empezaron a llegar los casos, lo hicieron «de una forma masiva». En marzo de 2020 la lucha contra la pandemia arrancó sin saber bien a qué había que enfrentarse y con «la duda de hasta dónde iba a llegar», conociendo que estaba habiendo «problemas graves» en otros países y en España ya se estaban empezando a tener.
«Tratamos de trabajar muy directamente con los profesionales más implicados en este contexto» como los de Urgencias, Intensiva, Neumología y Medicina Interna, recuerda el gerente, quien apunta que se incorporaron «otras muchas especialidades».
Esto llegó una vez decretado el Estado de Alarma, cuando hubo que «cerrar quirófanos, capacitarlos como unidades de cuidados intensivos, tanto la reanimación como los quirófanos». De las 10 camas de UVI ampliables a 12, se pasó a contar en la pandemia hasta a 48 camas habilitadas para ventilación asistida, precisa Ruiz de Oña.
Adelantarse al Covid. «Íbamos corriendo por delante de la pandemia intentando que no nos pillara», explica el gerente del área, quien añade que, pese a ello, en el punto más crítico de la pandemia, se abrió una planta con 38 camas «y al día siguiente, a las ocho y media de la mañana, había 6 camas libres».
«Veías que todos los recursos que ampliabas y ponías a disposición, prácticamente los engullía la ola conforme iba viniendo», rememora Oña, quien señala que, pese a ello, «siempre tuvimos camas» aunque «en algún momento pensaba que eso no iba a ser posible».
El gerente del área explica también que se habilitaron cuatro unidades de soporte medicalizado, en contacto con las diferentes residencias asistidas con las que trabajaban de manera directa en el diagnóstico y tratamiento, de tal manera que tanto médicos como enfermeros se desplazaban a los diferentes centros «de manera programada pero también cuando había alguna circunstancia especial».
Para Ruiz de Oña ha habido dos hitos en el control de la pandemia, uno de ellos los métodos diagnósticos para identificar este «nuevo virus». La capacidad de diagnóstico inicial era de alrededor de 50 PCR diarias, algo que tuvo que desarrollarse en el servicio de Microbiología, que fue «determinante para dar respuesta a aquellos servicios que estaban en las trincheras como podía ser Urgencias, Interna, Neumología, Intensivos, Neumología...», que, sin él, «no hubieran tenido herramientas», explica.
Como destaca, la dotación microbiológica actual es «exponencial» a la anterior al Covid. «Nuestro Hospital ahora está en el top de dotación tecnológica en microbiología porque en aquel momento este servicio, junto al de laboratorio, dio un paso adelante y buscó debajo de las piedras respuesta para apoyar a sus compañeros en la lucha del día a día», subraya el gerente.
Se llegaron a hacer más de 1.000 PCR diarias en el recinto ferial, que se habilitó para la realización de pruebas y, posteriormente, la vacunación. Es precisamente la vacuna del Covid-19 el segundo hito para el gerente, otro «elemento básico a la hora de ver la luz» en la pandemia, algo que llegó a finales de 2020.
Peor momento. Ruiz de Oña recuerda que la «peor ola» que se vivió en Talavera fue la tercera, tras la Navidad de 2020, con el mayor pico de pacientes ingresados entre enero y febrero de 2021. Si bien ya había arrancado la vacunación, aún no había llegado a la mayoría de la población y además «había habido ciertas medidas de apertura con las Navidades».
Supuso, como recuerda, que el número de infecciones «se incrementara de una manera muy importante», con más de 250 pacientes ingresados con Covid en ese pico. A ellos se sumaban los que no permanecían hospitalizados porque su situación no lo requería pero era «miles de personas infectadas» en esos momentos.
Pese a ello, el «peor momento» para Ruiz de Oña fue cuando entre los meses de junio y julio de 2020 a la lucha «muy intensa» contra la pandemia se sumó que había que «empezar a retomar la actividad sanitaria, que se había quedado paralizada durante cuatro o cinco meses». Si bien siempre hubo un quirófano para pacientes neoplásicos y para urgencias, se quería «volver a una cierta normalidad», algo complejo dado el contexto del Covid, en especial en el primer trimestre de 2021.
Esta pandemia, sin embargo, ha dejado aprendizajes o, como indica Ruiz de Oña, «una reseña que no debe olvidarse, que es la importancia de la colaboración y coordinación entre profesionales, no solo de diferentes especialidades médicas» así como la importancia de la gestión de la logística, en cuanto a almacenaje y adquisición de equipamiento y tecnología. «Hubo un antes y un después en ese sentido», resalta el gerente del Hospital, quien subraya que el proceso de centralización de suministros en el Sescam fue «determinante para que las diferentes gerencias tuvieran los materiales que necesitaban en cada momento».