El sector sociosanitario vivió la pandemia de una forma especial, no obstante, fueron profesionales esenciales para la sociedad y fundamentales en la vida de muchas personas, muchas vulnerables, que sufrieron de forma especial estos tiempos complejos. La Fundación Madre de la Esperanza de Talavera, donde ayudan a personas con discapacidad intelectual o del desarrollo y a sus familias, vivió con «desconcierto», inseguridad y miedo las primeras noticias que llegaron de la pandemia y el posterior confinamiento. «Sabíamos que nos íbamos, pero no hasta cuándo», explica Arancha González, directora técnica de la Fundación, entonces coordinadora del Centro Ocupacional.
La Fundación Madre de la Esperanza cuenta con diferentes servicios, ayudando con ellos a más de 300 familias. El colegio, dos centros ocupacionales, un centro de día, un centro especial de empleo que ejerce como lavandería, servicio de Atención Temprana, servicio de ocio inclusivo, un hogar de menores tutelados y viviendas con apoyo son todos ellos.
Así, la pandemia afectó a cada servicio de manera totalmente diferente, ya que muchos de los usuarios pudieron irse a casa y continuar desde allí su formación, si la tecnología lo permitía, pero los servicios residenciales no podían echar la llave, como el hogar de menores tutelados, en el que se encontraban 10 personas. «La Fundación es su familia, este servicio no le podíamos cerrar», indica.
"Son personas muy vulnerables y había mucho miedo al contagio" - Foto: L.T.Tampoco cerró la lavandería, que seguía trabajando y atendiendo a sus clientes, incluso recibiendo nuevos encargos para limpiar las batas sanitarias especiales con la que los profesionales sanitarios del Hospital hacían frente a la pandemia y que aún hoy, sigue siendo cliente de la Fundación.
Así, se fue organizando de manera diferente ya que cada uno atendía a una normativa, regulada en base a unas medidas sanitarias estrictas y unos protocolos muy concretos, «porque son personas muy vulnerables y había mucho miedo al contagio».
Junto a ellos, siempre había profesionales de la Fundación, «a los que había que ponerles una medalla por cómo trabajaron en aquel momento, con qué cercanía, con qué cariño, porque entendían que para todos era una situación difícil», recuerda.
Pero si importante era el trabajo que se hacía a distancia, con la atención que se le podía dar dependiendo de cada momento, vía telemática, telefónica o incluso alguna visita presencial, también fue esencial el apoyo emocional. Así, además del contacto casi continuo para conocer el estado y las necesidades de los usuarios, también se llegaron a hacer paseos cuando ya estaba permitido que «aunque fueran de 10 minutos, y para que se despejaran, les ayudaban mucho a ellos y a sus familias», indica la directora técnica.
La vuelta a la 'nueva normalidad' se produjo con muchos cambios para todos, para mantener las distancias o mejorar los protocolos de prevención y sanidad. Hay cosas que se mantienen como estos sistemas de limpieza, con nuevos y específicos productos que se adoptaron en los tiempos del Covid, además de la solidaridad y la profesionalidad de su personal. Algo cambió, pero en realidad, lo mejor permanece.