«Fueron tiempos muy duros, sobre todo los primeros días». El subdelegado del Gobierno en la provincia de Toledo, Carlos Ángel Devia, recuerda el inicio de la pandemia como el momento más complicado, por la situación excepcional y crítica y porque «pocos entendían que debían cumplir con el decreto de alarma» lanzado por el Gobierno. Precisamente aquí estuvo la primera gran labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, vigilando y controlando que los ciudadanos acataran las normas y evitasen los desplazamientos innecesarios.
Devia reconoce el «excelente» trabajo de los cuerpos uniformados, así como de otros muchos colectivos igual de esenciales en tiempos complejos. «Entregaron el 100 por cien», asegura, atendiendo un completo programa de coordinación establecido desde la Dirección General de Protección Civil del Gobierno central.
El trabajo de Policía Nacional y Guardia Civil, además de la Policía Local en aquellos municipios donde se encuentran, se concentró primero en labores de seguridad, para pasar después a un trabajo de asistencia a residencias de ancianos, centros sociosanitarios o ayuntamientos, donde «la coordinación fue muy buena».
Costó unos días pero la sociedad logró entender que la mejoría e incluso salvar la vida «dependía de que todos colaborásemos». Fue la publicación de cifras de afectados por Covid y también los fallecidos, la que ayudó a que la población se concienciara realmente del problema, una pandemia global que confinó a toda la humanidad y que hizo cambiar el mundo tal y como lo conocíamos.
Devia trabajaba desde Talavera, en su casa, a través de medios informáticos, pero se desplazaba a la subdelegación, en Toledo, al menos un día a la semana. Desde casa, le daban hasta las tres de la mañana a veces en comunicación con mandos de la UME.
Así, como parte más positiva, recuerda no solo la excelente coordinación entre administraciones que, «cuando viene una situación complicada, somos capaces de ponernos de acuerdo, ojalá fuera así siempre»; sino también la solidaridad ciudadana, como la gente y empresas que cedían maquinaria para ayudar a desinfectar. Como negativo, los picos de fallecimientos en residencias de ancianos y «que todos hemos tenido a alguien cerca que se llevó el Covid».
Personalmente, el subdelegado se queda con una de las grandes lecciones que dejó la pandemia. «Fuimos conscientes de que el mundo no es tan seguro y que todo puede cambiar en pocos segundos», por ello, la gente ha comenzado a enfocar su vida de otra manera, hay que comenzar a valorar cada día porque «hoy es un día maravilloso y mañana llegará, o no».