El aparcamiento de Safont mantiene su gratuidad, aunque apura los últimos días con tal condición. La pintura magenta, las barreras de entrada, las cámaras de control y el cajero, elementos ya instalados, parecen haber disuadido a decenas de conductores: la explanada no está llena, una situación inconcebible para cualquier día laborable hace pocas semanas.
La mayor parte de los usuarios que transitan al mediodía por este recinto residen en otros municipios. Suyas son las voces más críticas con la zona magenta. Además del malestar por la transformación del modelo, de pago para ellos, emerge la preocupación por el nuevo lugar en el que tendrán que dejar su vehículo. Iván es un joven de Sonseca que estaciona su automóvil de forma habitual en este lugar y aún no sabe qué espacio utilizará a partir del 1 de marzo, fecha en la que comenzarán las restricciones de paso.
Cerca de Safont, en la otra orilla del Tajo, se encuentra el aparcamiento gratuito de Azarquiel, aunque tal reclamo hace casi imposible el estacionamiento. Otros espacios próximos, ya en el distrito de Santa Bárbara, se colman cada día. La cercanía de la estación, puerta de entrada a Madrid con el ferrocarril de alta velocidad, colapsa los areneros habilitados para el vehículo privado. Un vecino del barrio que se encuentra en Safont explica, antes de subirse a su utilitario de color rojo, que usa este recinto de manera habitual y que el pago no le afectará. Se advierte una posible transacción que se materializará (o no) en los próximos meses: en Santa Bárbara aparcarán muchos de los que antes lo hacían en Safont; en el nuevo Safont vigilado y gratuito para vecinos descansarán los coches de algunos vecinos del barrio de la estación.
Los estudiantes que viven en municipios cercanos son otro de los colectivos sumidos en dudas. Rebeca, residente en Yuncler, acude con asiduidad a la biblioteca regional. Su intención, una vez las barreras de paso empiecen a funcionar, es llevar el coche hasta las zonas de pago del Casco, situadas en el entorno de la calle Cervantes. Ante dos posibilidades que implican un coste, la joven prioriza un tiempo menor de traslado. Una situación similar le ocurre a Patricia, alumna procedente de Lominchar, y cuyo deportivo permanece entre dos y cuatro horas en Safont. Aún no sabe qué hará a partir del próximo mes y se toma estos días para reflexionar al respecto. «Me lo pensaré», subraya.
La madrileña Maricarmen llega a la capital regional acompañada de su pareja. Son turistas, visitan Toledo con cierta regularidad y no sabían de la inminente implantación de la zona magenta en Safont. La viajera cuenta cómo en otras excursiones en las que han encontrado este espacio lleno han optado por «los aparcamientos de pago que hay junto al Alcázar», dos garajes más próximos al Casco.
La illescana Begoña ejemplifica otro de los perfiles frecuentes en el nuevo aparcamiento regulado, el de la persona que se acerca a Toledo «a arreglar papeles», ya sean trámites administrativos o sanitarios. Suya es la opinión más dura con el plan del Ayuntamiento. «Tendré que pagar, a ver dónde dejas el coche: es que tampoco hay que donde dejarlo», indica. «Es vergonzoso», expresa, al tiempo que se lamenta de que la cabecera sagreña no tenga, por ejemplo, una delegación de Hacienda que le evite el traslado a la capital autonómica.
LOS VECINOS, A FAVOR. Una toledana se apresura para alcanzar su coche. Preguntada por la regulación a punto de estrenarse, manifiesta su satisfacción. La vecina esboza su intención de aparcar con más frecuencia en un espacio para el que prevé suficientes plazas libres y vigiladas en casi todas las franjas horarias.
Otra vecina, empadronada en Toledo, pero con su coche matriculado en otro municipio, dice que pronto lo registrará en la ciudad.