Ángel Gómez y Javier Martín completaron entre el viernes y el sábado la segunda prueba del reto '12 meses, 12 ultras', propuesto por el Club Cerro del Bú para conmemorar en este 2025 el título de Toledo Ciudad Europea del Deporte. En total, recorrieron los 100 kilómetros distantes entre el aparcamiento de Azarquiel, lugar ya habitual de sus partidas, y el pico del Amor, la cima más alta de la provincia de Ciudad Real, ida y vuelta y en autosuficiencia.
El tiempo empleado fue de 11 horas y 48 minutos, con unos 1.500 metros de desnivel acumulado que, eso sí, se concentran en apenas dos ascensos, lo que dificulta mucho más la ruta. Como reconoce Ángel, «nuestro objetivo es seguir generando inquietudes en la gente, y que se animen a practicar deporte, sabiendo que hay unos chiflados que les da por la ultradistancia».
Lo primero que destaca del circuito es que es un placer para los sentidos: «El campo está en plena emulsión en esta época, y más con las temperaturas que está haciendo, así que es todo un espectáculo de olores, con los tomillares ahora brotando». Además, también pudieron disfrutar en el transcurso de toda la fauna de la zona, con la presencia de buitres, ciervos o jabalíes.
100 kilómetros llenos de AmorUna de las grandes dificultades de esta ruta fue la escasez de agua. Partieron con unos 3 litros, pero no pudieron recargar hasta el kilómetro 25. Después, hasta el 45 tampoco les fue posible, mientras que el siguiente punto de recarga ya fue a la vuelta, prácticamente a unos 25 de acabar.
Precisamente, en Marazarambroz, recibieron la visita de un compañero del club, que les ayudó con unos refrescos. «Te da mucha fuerza y ánimo para seguir que alguien deje lo que está haciendo para darte su apoyo», explica Ángel.
Los dos corredores ascendieron por el valle del Tajo para cruzar La Sisla. Llegaron a la ermita de los Cuatro Caminos, antes de llegar a Ajofrín, para girar a la derecha, y tomar dirección Mazarambroz, por el camino del Común. Empezaron ya por ahí las primeras estribaciones de los Montes de Toledo, así que, por el Quinto de San Martín se adentraron en el ascenso a la garganta del Castañar, «un sitio mágico», según cuenta Ángel, en el que se abastecieron de agua.
100 kilómetros llenos de AmorNo quedaba ya mucho terreno para cruzar los límites provinciales y llegar al pico del Amor, de 1.375 metros de altitud, desde el que «hay unas vistas panorámicas impresionantes del valle del Tajo y de la zona extremeña», cuenta el atleta del Cerro del Bú. Ángel y Javier emprendieron el descenso por la otra vertiente, y visitaron el convento de Nuesta Señora del Castañar, una joya cultural desconocida que se encuentra en ruinas. Fueron buscando de nuevo el Quinto de San Martín, para regresar por el mismo camino de ida.
Ángel Gómez reconoce que registraron unos buenos ritmos de los que extraen magníficas sensaciones de cara a las próximas competiciones, que llegan ya en primavera. Eso no quita que los atletas del Cerro del Bú estén ya planteando la prueba del mes de marzo, aunque todavía no han desvelado cuál. Se sabe que bajará de kilómetros, con entre 65 y 70, y discurrirá por los límites provinciales.