Daniel Gómez Aragonés, biógrafo de la ciudad de Toledo, ahonda en el reino visigodo, un periodo histórico fundacional de mucho de lo que vino después y ahora pervive.
Su último libro, Reinas godas, nos habla de las consortes, madres y allegadas de aquellos reyes. ¿Qué papel desempeñaron?
Todos sabemos que existe una lista de reyes godos. Donde hay un rey suele haber una reina, pero no parece que tengamos una lista de reinas godas. Realmente existe, pero, por desgracia, hay muchísimas de las que no conocemos su nombre: sabemos que existieron, pero las fuentes no nos aportan su nombre. Hay algunas otras que sí conocemos, tienen una biografía fascinante y desempañaron un papel que no meramente residual, sino muy destacado. Se suele decir que el ámbito público era para el hombre y el privado para la mujer. Pero me gusta resaltar, porque sigue pasando hoy, que es en casa donde se lava la ropa sucia. Además, la reina proporcionaba descendencia y era fundamental para la educación de los hijos. También para afianzar alianzas, linajes o clanes. Muy importante resultaba la reina viuda. ¿Qué pasaba cuando moría el rey? Que si a esa reina viuda le llegaba a otro noble y se casaba con ella, él ya estaba legitimado al trono.
¿Cuáles deberían rescatar los libros de historia?
Si barremos para el lado toledano, destacaría especialmente a dos. Por un lado, a Goswinta, que fue esposa de dos reyes, Atanagildo y Leovigildo, decisivos para el nacimiento y desarrollo del reino visigodo de Toledo. Es una reina cuya biografía me parece digna de una superproducción o de los libros de Juego de tronos, porque participa de lleno en el desarrollo político de la época. Es una reina muy vinculada a Toledo. Tuvo dos hijas, Brunequilda y Gailsvinta, que fueron princesas y se casaron con dos reyes francos. Es muy probable que ambas naciesen en Toledo.
Otra reina que me gusta destacar es Baddo, la esposa de Recaredo. Fue la única que firmó las actas de un Concilio de Toledo, el órgano fundamental del reino. Fue la única reina que lo hizo. Y, además, no ocurrió en un concilio cualquiera, sino en el tercer Concilio de Toledo, el del año 589 y la conversión al catolicismo. No creo que esa firma fuera de cara a la galería.
¿Pudo existir alguna suerte de matriarcado en aquella cultura llegada del mundo no romanizado?
Intentar aplicar conceptos del siglo XXI que por el paradigma político en el que vivimos están presentes es caer en el presentismo. Hay cuestiones de la igualdad actual que no se pueden aplicar; es más, es probable que ni las propias mujeres se lo planteasen porque estaba fuera del paradigma del momento. Es como si se planteasen un iPhone. Para entender la historia hay que intentar pensar cómo lo hacía alguien de los siglos V, VI, VIII y VIII. No se puede aplicar el patrón mental del siglo XXI porque es ponerse la zancadilla a uno mismo.
Dijo en una entrevista en este periódico que Toledo, «por su belleza, delicadeza y fortaleza», sería mujer.
Me reafirmo tanto en el caso de Toledo como para la propia España. Traigo las palabras de san Isidoro de Sevilla en su alabanza a España: «tú eres, España, piadosa y madre siempre feliz de príncipes y de pueblos». Para mí, la ciudad es exactamente igual: tiene todos los condicionantes para que, en este juego metafórico, sea una grandísima y simbólica mujer. La más importante de España, además.
Afirma que el periodo visigodo, aquellos dos siglos, son la semilla de la España posterior.
Sin reino visigodo no hay España, que sería otra cosa. El reino visigodo tiene una profunda huella romana. Es el germen, la simiente de lo que es España. Todo el contenido ideológico de la Reconquista es la restauración del reino perdido. Ya en esta época, en los siglos VI, VII y VIII, hay una identificación y un paralelismo: el reino visigodo está territorialmente circunscrito a Hispania. Y que el rex gothorum, el rey de los godos, es el rex hispaniae, que es el rey de Hispania. Y eso se aprecia tanto dentro de la piel de toro como fuera. Más allá de los Pirineos, los francos también lo identifican así.
Si tenemos que buscar un punto de partida a un origen común, a una patria, no el sentido cuñadesco del término, sino en el de tierra de nuestros padres, abuelos y bisabuelos, es el reino visigodo de Toledo, sin ninguna duda.
Nos cuesta identificarlos como grupo. ¿Desde dónde llegaron, qué trajeron y dejaron?
Se trata de un pueblo cuyos orígenes se sitúan al sur de la actual Suecia. A partir de ahí realizaron un espectacular proceso de migración, una auténtica epopeya digna de película, que les lleva a asentarse, primero, en Polonia, y, posteriormente, en torno al mar Negro, en las actuales Rusia, Ucrania y Moldavia. Se hizo a través de procesos de endogénesis; es decir, hubo un núcleo aristocrático que sirvió de factor aglutinante e incorporó nuevos pueblos que se iban gotizando según se sumaban. Hay que olvidarse de pueblos puros: estas confederaciones poliétnicas absorbieron población germana, iranio esteparia e, incluso, en algunos momentos, de provinciales romanos.
Los godos se dividen entre visigodos y ostrogodos, aunque más allá de esa división ellos siempre se consideraron godos. En las fuentes lo que más aparece es el término godo. Los ostrogodos, después de desembarazarse de los hunos, crearon un reino en la península itálica. Y los visigodos, tras saquear Roma en el 410, fundaron el reino visigodo de Tolosa [en Toulouse, actual Francia] hasta que fueron derrotados por los francos y ya se enfocaron en Hispania.
Los visigodos se estudian en segundo de Secundaria y después, y muy por encima, en segundo de Bachillerato.
Desde hace 20 años, y en los últimos tiempos aún más, aprecio que el conjunto de la sociedad, especialmente aquella parte con algún anhelo por la cultura, tiene un mayor interés por esta época. Se nota y es una de las cuestiones que justifican este libro. También hay profesores que muestran sensibilidad hacia este tema porque se dan cuenta del valor que tiene y de que no es una etapa accesoria. Si queremos que nuestros jóvenes tengan raíz y esencia, que sepan quiénes son y de dónde vienen, es fundamental que conozcan la época visigoda. La historia no puede estudiarse como algo ajeno, como si fuese algo meramente descriptivo: historia es lo que cada uno es.
El reino visigodo de Toledo es el componente ideológico de la Reconquista. Y lo que nos diferencia de parte de Europa son dos cuestiones nucleares: la propia Reconquista y lo que supone el imperio español. En ambos casos se tuvo muy claro que el punto de origen y referencia era el reino visigodo. Y eso supone un motivo añadido para que nuestros jóvenes lo conozcan.
¿Cuál es el rastro visigótico más profundo de Toledo?
Es la propia Toledo. No es una ciudad más en la historia de España; es la capital espiritual, nuestra Jerusalén, nuestra Roma, la ciudad con mayor fuerza simbólica. La marca y la diferencia con todas las demás ciudades es que fue la capital del reino visigodo. Es algo que se ha tenido clarísimo a lo largo de toda la historia. ¿Por qué está aquí la catedral primada? Porque aquí se encuentra la capital del reino visigodo. Y eso es lo que más marca, define y pone por encima a Toledo.
Toledo se ha proyectado como ciudad de las tres culturas o imperial antes que cuna del reino visigodo.
La idea de las tres culturas tiene sentido, pero se enfoca de manera presentista. Hay que mirarla como una forma de coexistencia medieval que no se daba en el resto de Europa, pero no de tolerancia del siglo XXI porque supone aplicar un concepto que no existía. Sobre lo de ciudad imperial creo que no se ha vendido tanto como se debería haber hecho.
He tenido la suerte de participar en las mesas de trabajo de la candidatura [para la capitalidad europea de la cultura] de 2031. Tenemos que preguntarnos qué tenemos aquí que no existe en Granada, Gijón, Cáceres o Jerez. Y la respuesta es que somos la capital espiritual de España, un concepto que surge por haberlo sido del reino visigodo. Creo que tendría que ser la gran etiqueta de Toledo. Lo que ocurre es que hay mucha gente que hoy no entiende el término espiritual y piensan que es algo de la new age o de cuestiones magufas. El espíritu es lo más valioso que tenemos, es algo que jamás perece ni desaparece: nuestro cuerpo se va, seamos creyentes o no, pero el espíritu permanece. Y Toledo permanece.
¿Cree que se es justo con la España goda? Al-Ándalus disfruta de una imagen idílica.
No le damos el merecimiento y el reconocimiento que se le debe. Y no lo digo porque sea parte interesada, sino porque me interesa saber quién soy y de dónde vengo. Mi cosmovisión, mi manera de ver y entender la vida, es mucho más cercana al reino visigodo de Toledo y a la Reconquista que a otra cosa. Nosotros somos hijos de la Reconquista; nuestro paradigma vital proviene de la Reconquista, sin negar, evidentemente, toda la cuestión musulmana y judía porque sería de catetos. Es una de las cosas que más enriquecen España.
Es algo que en la historia de España siempre se ha tenido muy claro y no tenía que ver con una cuestión de posicionamiento político del siglo XXI, de ser de izquierdas o de derechas.
A esta etapa histórica le falta una película o una serie.
Me he alegrado mucho de que en Puy du Fou hayan hecho el espectáculo de El misterio de Sorbaces. Pero nos falta una gran producción para dar ese salto. Lo que pasa es que da mucho miedo hacer un producto audiovisual en España porque somos muy de leyendas negras. Me gustaría que fuese un proyecto patrio. Cuando queremos, hacemos cosas muy buenas: la serie Isabel me parece una bendita obra maestra, aunque tenga sus fallos. Pero suma más que resta.
Pido que alguien dé a Mel Gibson un papel, aunque no sea como visigodo. Imaginemos Las Navas de Tolosa, un Braveheart a la española. Sería espectacular, me da igual la política: trascendería y tocaría la fibra. Ver a Alfonso VIII con Jiménez de Rada. «Muramos aquí, señor arzobispo, vos y yo». Madre mía, que me quiten lo bailao'.
Al hilo de su libro Toledo. Biografía de la ciudad sagrada, ¿cómo se puede explicar el milenio medieval en Toledo?
Aparte del reino visigodo, la época musulmana es muy importante para Toledo. Abderramán II es toledano y alguna de las leyendas más célebres están basadas en esta época, como la de la noche toledana. Hay que recordar la gran rebeldía de Toledo contra el poder omeya de Córdoba, también el paso de Abderrám III, Almanzor y, por supuesto, el tiempo de los reinos taifas. La taifa más importante después de la fitna fue la de Toledo. Y esto no es toledanismo desbocado, es la realidad. Su desarrollo político, artístico y científico se envidia en Europa. Pero es que la judería más significativa de la península ibérica también está en Toledo. Reivindicar los visigodos y la Reconquista no implica obviar las cuestiones musulmana y judía. Porque todo lo que tiene que ver con el judaísmo hispánico no puede ni debe entenderse sin Toledo.
La Reconquista por parte de Alfonso VI es un hito que resuena en el norte cristiano y en el sur musulmán, en toda Europa y en el norte de África, por lo que supone de regreso. Posteriormente, emergen figuras fundamentales. Por ejemplo, Alfonso VII el emperador se entierra en la catedral; lo pudo hacer en Santiago, en Burgos, en León, pero decide hacerlo en Toledo y ser el primer rey cristiano que se entierra aquí desde los godos. Además, la preparación de la batalla de Las Navas de Toledo se hace desde Toledo, con Alfonso VIII y el arzobispo Jiménez de Rada. Asimismo, la construcción de la catedral se inicia durante el reinado de Fernando III el Santo. Después, en el siglo XIII, están Alfonso X el Sabio y su hijo Sancho IV, al que no se le ha hecho suficiente justicia. Más tarde llega la dinastía de los Trastámara y sus reyes, como Enrique II, Juan I o Enrique, también se entierran en la catedral de la ciudad para legitimarse en el trono.
La Edad Media terminó con el vínculo especial de Toledo con los Reyes Católicos, especialmente con la reina más importante de la historia de la humanidad, Isabel la Católica.
¿Qué se puede hacer en Vega Baja?
Pasan los años y seguimos igual. Creo que Vega Baja es la oportunidad para realizar un gran proyecto de difusión y divulgación del Toledo visigodo. Si tiene que haber un lugar de difusión mundial de la cuestión goda, tiene que estar, por supuesto, en Toledo. Y la ubicación de Vega Baja es ideal. Pero esta propuesta no tiene que concebirse a partir de la idea de unos sabios encerrados en la torre de Babel; ha de ser un proyecto que integre a la sociedad toledana y española. Y, además, que la Vega Baja quede insertada en la ciudad. Que la gente vaya a Vega Baja y disfrute tanto de los hallazgos arqueológicos, las actividades que se puedan hacer o de la propia cuestión paisajística. Pasear por la zona es un gustazo: el Tajo queda al lado y desde allí se puede ver buena parte del casco histórico.