«Podía haber optado a ser alcalde y me eché para atrás»

GUILLERMO GÜEMES
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Fernando Mora ha dedicado más de 37 años al servicio público, cierra un ciclo que le ha traído grandes recuerdos y amigos

«Podía haber optado a ser alcalde y me eché para atrás» - Foto: Javier Pozo

Fernando Mora ha dedicado más de 37 años al servicio público. Tanto en la política como en las sombras. Cierra un ciclo que le ha traído grandes recurdos y amigos. No cierra puertas, por ello de «nunca digas de este agua no beberé».

Acaba su etapa como político, pero la política no deja de estar ahí...

Como político no se acaba nunca, se acaba en activo. Ya Aristóteles decía que el hombre es un animal político. Creo que todos tenemos que asimilar que la política la da la propia sociedad, el ser partícipe de la convivencia social.

«Podía haber optado a ser alcalde y me eché para atrás»«Podía haber optado a ser alcalde y me eché para atrás» - Foto: Javier Pozo

Seguirá activo, ¿lo hará como socialista o se desvinculará?

Llevo en el partido desde el 1 de marzo de 1981. Pedí el ingreso, aunque ya colaboraba, a raíz del Golpe de Estado de Tejero. Desde entonces estoy militando y no voy a dejar de militar nunca. Estoy en la Ejecutiva regional del PSOE, desde hace mucho tiempo, y colaboraré con el partido desde ese puesto.

¿Qué va a ser lo primero que haga cuando deje la actividad parlamentaria?

Lo primero viajar. Retomar algún hobbie como la escritura. Me gusta escribir artículos desde el punto de vista politológico y sociológico, otros tipos de artículos de historia. Me gusta pintar. Lo que voy a hacer es tener más dedicación a esas actividades lúdicas que no podía compatibilizar con mi trabajo político.

Por Toledo se le conoce como 'El Tigre de Alfileritos', ¿a qué se debe? ¿Qué hay de verdad y qué de mito en ese apodo?

Fue una ocurrencia de algún amigo. Un amigo que estuvo sentado en esta mesa y fue secretario primero de las Cortes y luego presidente del Parlamento, Jesús Fernández Vaquero. Se ha ido trasladando y hay gente que me conoce como 'El Tigre de Alfileritos'. De Alfileritos porque vivo en esa calle y lo de 'Tigre' pues no sé, supongo que por mi empuje.

Siendo politólogo de formación, ¿era inevitable pensar en entrar en política?

La política siempre me ha gustado. Empecé a militar en un partido político muy joven, estando en la facultad. Eso te marca. No tenía por qué haber entrado en política, pero a mí me gustaba especialmente. La teoría política donde mejor se demuestra es en la práctica. Además te da la oportunidad de hacer los análisis.

Empecé en la facultad con el PSOE colaborando en la Ejecutiva Federal, para la elaboración de los Estatutos de Atonomía que entonces se estaban haciendo. Yo era muy joven cuando empecé en la política, al primer partido que me afilié fue a un partido democristiano, Izquierda Democrática. Acabó disolviéndose tras unos malísimos resultados en 1977.

Cuando se disuelve, unos se fueron a la UCD y otros al PSOE. Yo me fui al primero porque me consideraba socialdemócrata. Entonces Francisco Fernández Ordoñez era una persona de relevancia, luego fue ministro socialista. Con esas ideas socialdemócratas fue con las que luego me vinculé al PSOE. Fui en las primeras listas de las municipales en Toledo con Ignacio de Mesa de candidato, pero mi interés fue acabar la carrera y no me metí de lleno en política.

Ha vivido la política desde los dos bandos, ¿con cuál se queda?

La vida parlamentaria es bonita y mucho más creativa que la de gestión, que es más pesada. Aunque también es bonita, fui secretario general de la consejería de Administraciones Públicas y delegado de la Junta en Toledo. En la época de delegado, en la que estuve siete años, fue tremendamente enriquecedora. Conocí a muchísima gente de la provincia y me recorrí el 90 por ciento de los pueblos, que son 204. He sido viceconsejero de administración local, dos años, un pequeño paréntesis en mi etapa parlamentaria.

También he sido concejal en el ayuntamiento de Toledo en la oposición, que no es lo mismo que hacerlo en el Gobierno. He hecho oposición al PP en el ayuntamiento de Toledo y en las Cortes cuando ganaron las elecciones en 2011. Pero para mí la etapa más bonita ha sido como delegado de la Junta, sin lugar a dudas.

¿Cómo recuerda esa legislatura con el PSOE en la oposición?

Muy dura. Porque las políticas que se llevaron para intentar resolver la crisis fueron tremendas en una región complicada. Las políticas que se tomaron venían a deshacer lo que es el Estado del Bienestar. Fue una especie de pretrumpismo, lo que aquí se hizo de 2011 a 2015. Afortunádamente no encontraron el apoyo suficiente en la población como para seguir y eso ha permitido recobrar, no sin dificultad, las políticas del Estado del Bienestar.

No llegaban a acuerdos, los debates eran broncos... ¿Era el comienzo de la polarización?

Los debates eran broncos, difíciles, capacidad de entendimiento: ninguna. Fue una época difícil, aunque apasionante porque te reafirmaba las ideas, la defensa del modelo de bienestar social y, sobre todo, en defensa de la ciudadanía que se vió perjudicada. La política no puede ser un mero laboratorio con probetas donde los cálculos matemáticos te permiten ir por aquí. La política tiene que ser humanidad, cercanía, entender a la gente. Ese gobierno no supo entender a Castilla-La Mancha.

¿La polarización ha consumido el debate?
La polarización no la veo que exista en Castilla-La Mancha. Está más atenuada, se hace opocisión, pero es más razonable. Esto es una isla, por decirlo de alguna manera, esa polarización en Castilla-La Mancha no se da. Hay debates políticos intensos y se hacen con ímpetu, a veces con cierto grado de radicalidad, pero dentro de un orden. Lo que vemos en otras comunidades autónomas o a nivel nacional es tremendo. Esa polarización no es buena ni para los políticos ni para los ciudadanos. Creo que no nos traerá nada bueno si seguimos polarizándonos.

Aquí los decibelios también se han excedido, recuerdo la campaña electoral en la que se comparó a Emiliano García-Page con un etarra...

Eso es lo que decía, no es lo normal. Pero a veces ocurre. La campaña electoral fue bastante sucia y eso no ayuda a construir. Todo lo contrario. Pero no solamente se intenta destruir a quien gobierna, se autodestruya quien la propicia. Además, tiene una influencia muy negativa sobre la sociedad porque obliga a los ciudadanos a polarizarse. No es bueno para el diálogo, para el entendimiento, la comprensión... El avance en lo social, económico, en lo institucional, viene fundamentalmente por tratar de llegar a acuerdos y de convivir. Eso, en definitiva, es lo que la mayoría de los ciudadanos quiere.

En su último discurso en las Cortes dejaba entrever que estaba algo cansado de los tiempos que corren, ¿siente desafección por la política?

No es la política que yo concebí, para nada. Ni la que aprendí cuando se redactó la Constitución. Yo estaba en Madrid estudiando y no me perdía ni una de las reuniones de las Cortes o los sectores sociales. Había una voluntad de consenso que hizo que se redactase la constitución y se firmasen dos importantes pactos cuando la situación socioeconómica era muy complicada, los pactos de La Moncloa. Un pacto político y otro económico que hicieron sacar a España del letargo que nos amenazaba. Hay que recordar que por aquel entonces la crisis del petróleo ahogaba bastante.

Pasó por el Ministerio del Interior cuando la situación en España era muy convulsa. ETA seguía matando y se destapó años antes el caso de los GAL, ¿qué visión tiene de esa época?
Muy complicada. Los GAL se destaparon antes de que yo llegase al Ministerio del Interior. Evidentemente fue una etapa muy complicada. Yo estuve con José Luis Corcuera que era el ministro y la etapa de los GAL ya habían pasado, pero los juicios se dieron en paralelo. Fue un tiempo muy difícil, hubo atentados muy duros, pero también se hizo un esfuerzo muy importante en la lucha contra ETA. Se desactivaron comandos y se consiguió que la negociación con ETA, que la intentaron todos los gobiernos hasta que se consiguió en tiempos de Zapatero y Rubalcaba.

Las conversaciones de Argel lo que provocaron es que transcurriese en paz lo que podía haber sido un laboratorio de terrorismo durante los Juegos Olímpicos y la Expo del 92. En ninguno de los dos eventos hubieron atentados, junto a un trabajo impecable que era el conseguir que la policía española persiguiese también en Francia a los terroristas. Se avanzó muchísimo.

Emiliano García-Page desveló que estuvo en el punto de mira de ETA, ¿usted también al estar dentro del Ministerio?

Bueno, es algo que es mejor no recordar. La Guardia Civil de vigilancia del Ministerio y la contravigilancia que tenía en mi casa siempre me aconsejó que mirase debajo del vehículo antes de irme y cuando llegaba al Ministerio me registraban el coche de arriba a abajo. No deja de ser desagradable el asunto, porque sabes que están allí y puedes estar en el punto de mira con una organización que no repara en nada.

Ha conocido a muchos políticos, ¿quién ha dejado más huella en Fernando Mora?

Pues mira, diría que todos han dejado huella. He trabajado con muchos políticos con los que tengo buena relación. Con el que empecé era Salvador Fernández Moreda, que era miembro de la Ejecutiva Federal y diputado por Coruña. Con Corcuera tengo buena relación. Con Justo Zambrano, que fue con quien me vine a Castilla-La Mancha a trabajar. He trabajado con Enrique Mújica, con José María Venegas, los dos ya fallecidos.

La verdad que ha sido muy enriquecedora la vida política que he tenido. Luego en el Ayuntamiento de Toledo con Alejandro Alonso, estuvimos en la oposición y no pudimos gobernar por los pelos, pero también fue intenso. Y desde luego mi relación, aunque no he trabajado directamente con él, con el presidente Emiliano García-Page.

Precisamente el presidente lleva lanzando un tiempo mensajes encriptados sobre su futuro político, ¿dónde le ve?

Es difícil ver cual es el futuro político de uno. Muy difícil. Un día puedes pensar una cosa y se cruzan otras en medio del camino. Yo no lo veo fácil el decirte donde le veo. Emiliano vale para cualquier cosa dentro de la política. Pero no es un hombre con grandes aspiraciones, es sensato y será la realidad la que diga donde se queda.

Pero, ¿piensa que saltará el Tajo?

Lo de saltar el Tajo, el no tiene que hacerlo porque vive justamente al otro lado. Entonces no es una cuestión de saltar el Tajo, la política tiene otros derroteros. Pero es un hombre muy válido.

Ha compartido tiempo con grandes personalidades del PSOE: Felipe González, Emiliano García-Page, Pedro Sánchez... En los últimos tiempos se habla de dejar de lado a un lado los personalismos y mirar por las siglas. Algunos ven el PSOE a la deriva, ¿usted donde ve al partido?

No hay ninguna etapa que sea cerrada. La política es todo evolución y movimiento. Ahora estamos en una etapa bastante convulsa en todos los sentidos, en el plano nacional e internacional y también no deja de haber algún tipo de convulsión en la organización, más derivada del entorno porque es complicado.

Se gobierna, pero hay que compaginarlo con pactos con muchos partidos. Eso dificulta la acción del Gobierno, pero el PP no lo tendría mejor. La prueba es que han roto con Vox en todas las comunidades autónomas. Esa situación de inestabilidad y de ingobernabilidad está en el propio entorno de la política.

El presidente del Gobierno está intentando salvar los trastos porque, de lo contrario, estaríamos en una situación mucho más complicada. Es difícil y no se entiende el apoyo de los independentistas, yo tampoco lo entiendo, pero entiendo menos que sea la extrema derecha quien de el sustento a Feijóo. El propio PP no está ofreciendo ninguna alternativa al actual Gobierno. Las políticas que están llevando a cabo de radicalización me parecen que no animan en absoluto a encontrar el punto medio. Tiene que haber puntos de entendimiento y de moderación para que las dos grandes fuerzas políticas se entiendan en cosas fundamentales. Cosa que no ocurre ahora.

Parece que los partidos independentistas y nacionalistas se comportan como más 'españoles' que el PP en el Congreso con su voto en contra a las pensiones, SMI, techo de gasto... 

Porque hay un problema. Se está más mirando actitudes partidistas de carácter coyuntural que mirando a la sociedad. Pienso que cada vez hay más ombligismo, nos miramos el ombligo y no vemos las demandas de la sociedad. El PP ha querido en algún momento bascular hacia políticas más sociales para atajar al PSOE, pero enseguida entra en contradicción. Eso hace que el principal partido de la oposición esté en una situación de inestabilidad permanente a la hora de lanzar sus ideas y su proyecto político a la ciudadanía.

Precisamente cuando Feijóo llega a Madrid hablaba de un discurso moderado y sereno...

Y al final se han convertido en competidores de la extrema derecha. Yo no sé si la ciudadanía va a optar por ellos, entre quienes imitan a la extrema derecha y la extrema derecha, optan precisamente por los auténticos. Feijóo tiene un problema muy serio. Posiblemente la señora Isabel Díaz Ayuso ha captado mejor el mensaje que tiene que lanzar.

¿Hay oposición en la región? ¿Cómo valora a Paco Núñez?

Se lo he dicho muchas veces en los debates en las Cortes, el PP y Paco Núñez no entienden a la región y ese es su principal déficit, que no es poco. El PP no es que no lo entienda ahora, no lo ha entendido nunca. De ahí los resultados obtenidos, no entienden Castilla-La Mancha.

No saben analizar realmente la sociedad en la que viven. Hacen transposición de lo que desde Génova les trasmiten, pero no tiene que ver nada el pensamiento de Madrid con lo que es Castilla-La Mancha. Hay que tener en cuenta que aquí las ciudades son más pequeñas, es una sociedad muy rural, es muy extensa... Date cuenta que aquí vive una cuarta parte de lo que es la comunidad de Madrid.

El pensamiento de las direcciones de los partidos está muy orientado a pensar que Madrid es España. Muchas veces se ignora la política que hay que hacer en los territorios. Page ha sabido coger el punto y sabe lo que la sociedad necesita. Es muy cercano a la gente en un momento en el que las redes sociales quieren coparlo todo, la política de cercanía ayuda más a entender lo que quiere la sociedad que cualquier otra opción. Page lo hace bien y, en ese sentido, es un gran comunicador.

Parece que ha tenido que anunciar que deja la actividad parlamentaria para acercar posturas con el PP y el acuerdo del Estatuto, ¿confía en que saldrá adelante antes de final de legislatura?

Creo que hay un amplio consenso respecto al texto del Estatuto. Diría que es total, pero solo hay un elemento que distorsiona y es cuando el PP ha dicho que no acepta la horquilla, que en un principio iba en el Estatuto y que estaba acordada con ellos, que es de 25 a 59. No quiere decir que sea 25 o 59, pude ser 33 o 42. Lo que está bien claro es que se debe dar un margen a que la representación política de las Cortes sea de la ciudadanía. No pueden quedarse muchos ciudadanos al margen porque el número de diputados sea corto.

En 2015, Ciudadanos con 10.000 votos menos se quedó fuera y Podemos consiguió dos diputados. En las siguientes, Ciudadanos entró con cuatro diputados y no habían aumentado significativamente el número de votos. Lo que quiero decir es que, en una región como la nuestra, 10.000 ciudadanos no pueden quedarse sin representación.

La aritmética está mal. Con 33 es complicado hacer una aritmética electoral representativa. Como Vox se ha encerado en que le sobran los políticos, menos ellos que están conbrando de las Cortes y recursos para su grupo parlamentario. Ese denostar la política viene en contra de la representatividad de los ciudadanos. Les puede afectar negativamente, precisamente por estar muy limitado el número de diputados.

Una de las cuestiones que trata de proteger el Estatuto es el agua para Castilla-La Mancha. Es de los políticos que más fervientemente ha defendido el Tajo, ¿qué supone para usted este río?

Siempre lo he dicho cuando hemos debatido de agua en las Cortes: ¿Por qué no se asoman ustedes a ver el río? ¿No les da vergüeneza que vaya como va? Porque a mí como toledano me da vergüenza. Si nos asomamos al canal del Trasvase, lleva más agua que el río pasando por Toledo. Van las aguas cristalinas en el trasvase y aquí vienen las aguas sucias de Madrid que nos vierte el Jarama. Porque, en definitiva, lo que pasa por Toledo es más río Jarama que Tajo.

Creo que sinceramente hay que recuperar el río y plantearse en serio el fin del trasvase. Que no pasa nada, que el Levante tiene los recursos suficientes para abastecerse de agua. Por tanto, no es un problema como podría ser hace cinco o seis décadas. La tecnología ha avanzado bastante para que no suponga un problema para el Levante, para nosotros sí está suponiendo un problema.

¿De qué se siente orgulloso Fernando Mora?

Me siento orgulloso de tener y de vivir en la sociedad en la que vivimos. Que cuando a veces la cuestionamos somos unos privilegiados. La sociedad española es una sociedad privilegiada y sobre todo a partir de la elaboración de la Constitución y lo que ha traído consigo. Muchas veces se cuestiona la Constitución y las leyes, pero la convivencia de la que gozamos y el Estado y modelo democrático que tenemos, con todos sus defectos y virtudes, ofrece muchas satisfacciones.

Me siento orgulloso de haber contribuido en un pequeño granito de arena a que la sociedad en la que vivimos sea posible. Que es para lo que, en definitiva, yo me metí en política. Esta sociedad ha avanzado y mucho, pero a medida que vamos avanzando van solucionándose unos problemas y van surgiendo otros. Estamos ahora con el problema de la vivienda. Cuando me casé había problemas de vivienda y de intereses. El piso que me compré lo pagué a un 18 por ciento de interés. Tremendo.

¿Qué decisión califica como la más complicada?

A lo mejor esta, la de irme. El mismo día que anuncié que lo dejaba por la mañana le daba vueltas. Después de hacerlo ya no hay vuelta atrás, sino que estoy satisfecho de haberla tomado.

¿Apagó el móvil para no recibir tantas llamadas?

(Se ríe). Yo nunca he apagado el móvil. Lo malo es que hay momentos que suena por todos los lados. Recuerdo el tiempo que estaba de delegado en la Junta podía recibir una llamada a las cuatro de la mañana porque había un incendio en tal sitio o una inundación. Que me ha ocurrido, esas cosas ha habido que afrontarlas y no podía separarme del móvil.

Y usted sí cogió el móvil...

Yo cogí el móvil, sí. Siempre he cogido el móvil a quien me ha llamado, incluso cuando el teléfono no es conocido y era una compañía de teléfono que me ofrecía no sé qué historias. El móvil que tengo es público, me debo a los ciudadanos que me han votado y, a veces, obtienen mi móvil y me llaman para pedirme alguna cosa o hacerme alguna consulta. Tengo que estar a su disposición. Nadie podrá decir que no le he cogido el teléfono.

¿Se ha dejado alguna cosa en el tintero como político?

Siempre se quedan cosas en el tintero. La verdad es que siempre pensé, porque soy muy toledano, que podía haber optado a ser alcalde de Toledo y al final me eché para atrás. Sinceramente creo que no me lo pusieron fácil y no quería tampoco peleas.