El cura párroco de la localidad toledana de Noez, contestó a Tomás López en 1787 sobre el interrogatorio que éste le remitió para conocer los pormenores económicos, sociales e históricos de este bello lugar enclavado en el entorno de los Montes de Toledo. Comienza afirmando que el nombre de la población aparece en algunos documentos antiguos como Nuez y de hecho el sacerdote no puede averiguar con precisión cual era el nombre original, ya que no existían documentos sobre la fundación del lugar. Era villa que pertenecía a la vicaría general de la ciudad de Toledo y propia del excelentísimo marqués de Alcañices que también era conde de Villaumbrosa, título por el cual le pertenecía esta villa (se refería a don Manuel Pérez Osorio y Fernández de Velasco, XIV marqués de Alcañices y VIII conde de Villaumbrosa). La población en el año 1787 era de unos 300 habitantes aproximadamente.
La parroquia estaba dedicada a San Julián y su fiesta se celebraba el 7 de enero. La iglesia a la que se refiere el párroco era un edificio construido pocos años atrás, después de que se hubiera derribado la anterior parroquia que se hallaba ruinosa, siendo levantada con fábrica de ladrillo y mampostería con una sola nave. Citando al historiador don Ángel Santos Vaquero, sabemos que en 1843 se añadieron a este templo cuatro altares que procedían del antiguo monasterio de Monte Sión. Destacamos entre las obras de arte de su interior la talla de Santa María Pejines, datada entre los siglos XII y XIII. En otro tiempo esta villa tuvo una población anexa llamada Santa María de Pejines, donde existió una iglesia dedicada a Santa María de la Asunción. En el momento de redactar estas respuestas, no quedaba rastro y no había «ni aún cimientos de la población» y de la iglesia citada de Santa María se podían ver algunas paredes de la misma y algunos restos de la cubierta. La distancia desde Noez hasta Toledo era de «cuatro leguas cortas», es decir poco más de 20 kilómetros. En el término no había ríos ni lagunas, sino algún arroyo de poco caudal, por cuya razón ni hay barcas ni puentes en el lugar. Hay dos cerros o sierras de una elevación considerable, una denominada de Pejines, por estar en la dehesa de este nombre y la otra era conocida como la sierra de Noez, aunque se duda sobre el nombre original de la misma (se debe referir al Pico de Noez, uno de los puntos más elevados de la zona y una visita muy recomendable para todos aquellos que les guste la naturaleza y que quieran divisar toda la comarca desde un mirador sin igual).
El terreno de la villa era muy despejado –continúa describiendo el sacerdote- sin bosques ni florestas y a la parte del oriente había plantados olivares, cuyo número se calculaba en 10.000 y de este total, unas 8.000 eran del señor de la villa, del Rey las que fueron propiedad de los jesuitas (en ese momento ya expulsados del país) y las demás de vecinos particulares. El párroco afirma haber intentado desde que llegó a Noez, investigar sobre el origen y fundación de la población, pero le fue imposible debido sobre todo a la falta de documentos, y, por tanto, no sabe quién ni cuando se fundó Noez, ni los hechos principales de su historia, y solo ha podido saber que comenzó a utilizarse el título de villa desde el año 1674 (sabemos que fue exactamente en 1672 cuando Noez consigue el título de villa, ya que en ese año el rey Carlos II concedió a don Pedro Nuño de Guzmán, conde de Villaumbrosa, el privilegio de villazgo).
Escudo de Noez.Uno de los principales edificios era la casa palacio del señor de Noez, refiriéndose al palacio de los Niño, si bien por aquel entonces estaba algo descuidada. Sobre su puerta principal había una cadena que pasaba por todo el umbral, y encima de ella estaba colgado el escudo con las armas del señor, en cuyo fondo se veían siete flores de lis (escudo de la familia Niño, es decir fondo dorado y siete flores de lis de azur dispuestas en tres palos de 2-3-2 flores).
Los frutos más habituales que daba la tierra de esta localidad eran el aceite, del que se podían recoger de media en cada año unas 700 arrobas, la cebada, con una producción anual de 4.000 fanegas, el trigo, con unas 3.000 fanegas, algunos kilos de algarrobas y muy pocos garbanzos. No había fábricas, ni manufacturas y no se celebraban ferias ni mercados importantes, careciendo igualmente de escuelas. En cuanto al gobierno de Noez, estaba compuesto de un alcalde mayor, otro ordinario, un regidor, un procurador síndico y dos diputados del común, siendo nombrados todos por el señor del lugar, menos los dos diputados del común.
El terreno es bien sano, aunque en tiempos de verano se padecían fiebres tercianas -como era habitual en nuestra provincia- algunas de las cuales degeneraban en cuartanas y el método para curarlas era realizar sangrías y purgas a los enfermos, aunque últimamente se usaba la quina como medicamento contra estas fiebres. Firmaba el documento el citado párroco don Manuel Tomás Martín, en Noez a 20 de abril de 1787.