El bautizo que rozó la tragedia

J.Moreno
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La Fiscalía mantiene el delito de lesiones pero rebaja la petición de cárcel de 5 a 2 años. La acusación particular atribuye a Javier un delito de tentativa de homicidio. La defensa pide la absolución por unos hechos ocurridos en Seseña

El bautizo que rozó la tragedia - Foto: Yolanda Lancha

Misael, un joven de 24 años, cultiva su cuerpo marcado por dos cicatrices en el abdomen que le recuerdan aquel 25 de septiembre de 2021. Era el bautizo de su sobrina. Lo celebraba con su novia en la casa del abuelo de la niña, en la calle del Ayuntamiento de Seseña. Pero a las nueve y media de la noche, ajeno al festejo, recibió una puñalada que merodeó el hígado, a unos 30 metros de sus familiares. «Se le salían hasta los trozos de comida del estómago. Me bloqueé totalmente», afirmaba su novia, la primera en advertí la grave herida. La madre del herido, como el resto de la familia, se apeó de la celebración inmediatamente y describió de un modo elocuente la terrible escena: «Vi a mi hijo con el estómago fuera».

A un metro de la novia del herido y separado por un biombo, escuchaba su testimonio Javier, su expareja y único acusado de la puñalada en el juicio celebrado ayer en la Audiencia Provincial. Zapatillas blancas, pantalón vaquero gris y una chaqueta elegante de invierno. Así vestía el procesado en la única sesión de la vista oral por la petición inicial de la Fiscalía de cinco años de prisión.

Misael y Javier se conocían sólo de vista. Pero aquel 25 de septiembre de 2021 habían coincidido en tres ocasiones. El primero se mosqueó por la temeridad del coche en el que viajaba el ahora procesado. «¿Qué problema tenéis conmigo?», espetó junto a la ventanilla de Javier, el copiloto, según el testimonio de la víctima. «Te vas a cagar», respondió el acusado, según esta misma versión.

Javier reconoció el apuñalamiento, pero lo atribuyó a un gesto defensivo y sin intención de herir a Misael. Las versiones diferían según los testigos: la novia de Misael y los cuatro amigos que viajaban con el procesado en el coche.

«No podía casi ni andar. Se quedó blanco», afirmó uno de los jóvenes, quien subrayó que presenció toda la escena. Él ratificó que Javier amenazó con esa frase 'Te vas a cagar' mientras daba patadas para abrir de par en par la puerta del coche, que Misael utilizaba para contener el ataque. «Javi salió por sí mismo del coche. Parecía un puñetazo», indicó. Pero la consecuencia fue una puñalada que alcanzó el abdomen del herido, quien precisó de una intervención quirúrgica urgente y más de dos meses para su curación.

Javier defendió que recurrió al cuchillo (uno táctico de 10,5 centímetros de hoja) para su protección. «No sé dónde le di. Yo pensaba que no le iba a hacer nada porque llevaba una chaqueta. Por miedo, tiré el cuchillo hacia arriba. Yo temía por mi vida; si lo sé, dejo que me pegue», describió el procesado la puñalada.

Los guardias civiles aseguraron que el procesado sabía durante la detención que había apuñalado a Misael: «Dijo que había hecho tras, tras, tras (referido a los lances con el cuchillo). Era consciente de que lo estaba apuñalando», aseveró uno de los uniformados.

Por su parte, el forense, Valeriano Muñoz, dio credibilidad a la versión de Javier de cayó arrodillado porque Misael lo sacó a rastras del coche, debido a las heridas en la rodilla. Respecto a la puñalada, calificó la herida como grave y que precisaba de una intervención de urgencia. «Tenía un riesgo potencial importante», manifestó. Casi rozó el hígado, añadió por una diferencia milimétrica. «Hubiera sido de un riesgo vital importantísimo».

Las versiones contradictorias de los testigos se mantuvieron en las conclusiones. La Fiscalía rebajó la petición de prisión de cinco a dos años por un delito de lesiones con medio peligroso. La consignación de 8.000 euros a favor de la víctima, la mitad de la indemnización propueta, motivó esta modificación en las conclusiones por la reparación del daño.

La acusación particular, por su parte, acusa a Javier de un delito de homicidio en grado de tentativa. Y la defensa reclama la absolución y, subsidiariamente, un delito de lesiones imprudentes.

«El acusado estaba en shock, aturdido; admitió los hechos»

La escena debió de ser desgarradora. «Ha sido el peor día de mi vida. Casi matan a mi hijo. Lo vi venir despacio; pensaba que le había dado un infarto. Pero se le salían las tripas», vino a decir el padre de Misael en las pruebas testificales.

Los agentes de la Guardia Civil que acudieron al aviso de la calle del Ayuntamiento de Seseña se encontraron con una familia entera que celebraba un bautizo arremolinada en torno al ahora procesado. «Estaba en shock. Estaba aturdido. Admitió los hechos», describió uno de los uniformados.

Javier acertó a decir a los agentes en ese momento que creía que Misael lo iba a golpear, como justificación para recurrir al cuchillo.

Javier, en esta ocasión, eligió el silencio en el último turno de palabra: «Está bien», dijo escuetamente para dar por despachada la vista oral.

Por su parte, Misael se recuperó físicamente, pero le quedaron otro tipo de secuelas tras el 25 de septiembre de 2021. Aseguró que estuvo dos años sin poder trabajar, con los consecuentes problemas económicos. Y detalló que sigue tratamiento psicológico y psiquiátrico.