El Carnaval de Valdeverdeja, Fiesta de Interés Turístico Regional desde 2018 y Bien de Interés Cultural (BIC) desde febrero de 2025, es un aliciente más para visitar esta localidad en unas fechas como las de ahora, en las que revive este rito que tiene su origen en el Concilio de Trento, que reafirmó que el purgatorio existe. Lo que empezó como un carnaval para ayudar a las ánimas que se encuentran en el purgatorio con la aparición de una serie de entidades denominadas soldadescas, escuadras, cofradía de ánimas, entre otras, ha derivado en estos festejos, marcados por un fuerte simbolismo marcial.
Como explica a La Tribuna Esperanza Martín, historiadora y concejala de Cultura de Valdeverdeja, todas estas entidades tenían como finalidad rezar por las almas del purgatorio. A finales del siglo XVI se crean ejércitos de reserva que acompañaban las procesiones y que las cofradías de ánimas toman como modelo para su vestimenta.
De ahí que en ellas haya cargos, desde el mariscal de campo, pasando por el capitán, el cabo, el sargento y los simples soldados, tanto en niños como en adultos.
En Valdeverdeja, en 1648 ya se estaba celebrando el Carnaval, prácticamente de forma ininterrumpida hasta la fecha, incorporándose ya a estas cofradías las mujeres en el siglo XIX.
Si bien en el pasado se celebraba a lo largo de tres días, ahora se resume toda la actividad a uno, el denominado 'Domingo del Gallo', que este año se festeja este 2 de marzo. Ese día, los animeros se reúnen en la calle principal, desde donde parten precedidos del abanderado y el tamborilero hasta llegar a la plaza, donde recogen a las autoridades. Desde allí, discurren en procesión hasta la iglesia, donde se realizan una serie de rituales simbólicos, entre los que destaca el arco que conforman los animeros con sus alabardas en el momento de la consagración, agitándolas con sus estampas y campanitas.
Tras la misa, la actividad se concentra de nuevo en la plaza, donde la Soldadesca 'juega' la bandera y se lleva a cabo el popular 'Baile del Tototón', tanto por animeros adultos como niños. Las jotas forman también parte de este ritual, en el que destaca el ofertorio y la comida popular con la que se clausura la jornada carnavalera.
En ella no faltan tampoco las apreciadas 'frutas de sartén', como floretas, mangas y roscas, 'convite' que se elabora días antes y se vende en este día para la parroquia y sufragar misas por las ánimas.
Uno de los grandes atractivos del Carnaval verdejo es la vistosidad de su indumentaria tradicional, que también se ve protegida en la declaración de BIC. Un ejemplo es el denominado traje de calzón de los animeros, con origen en el siglo XVIII, con el jubón, que se utiliza desde los siglos XV-XVI.
En ellos destaca el uso de alabardas, mientras que en las animeras capta la atención el aderezo de los peinados y sus cintas, además del brocado de su traje de novia, uno de los que lucen junto al de labradora. Pendientes, collares y horquillas lucen en especial en animeras peinadas con el 'moño de picaporte'.