Una estación en 'ramal muerto' y a las afueras de la ciudad

J. Monroy
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La situación geográfica de Toledo obligó a que la línea no estuviera en la planificación radial de los ferrocarriles, y también a que la estación se levantara en las entonces afueras de la ciudad, en el barrio de Santa Bárbara

Toledo, una estación histórica a la altura de la ciudad

La estación de ferrocarriles de Toledo, en el barrio de Santa Bárbara, ha sido históricamente un punto de referencia no solo como acceso a la ciudad, sino incluso artístico y social para el barrio que la alberga. Declarada en 1991 bien de Interés Cultural (BIC) con categoría de Monumento, la obra de Narciso Clavería y Palacios es uno de los máximos exponentes de la arquitectura neomudéjar, junto al Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda. Cuenta con rejas de Julio Pascual y artesonados, las yeserías y los zócalos del maestro ceramista toledano Ángel Pedraza.

El ferrocarril llegó en realidad a Toledo en el siglo XIX, aunque también es cierto que la actual estación no se inauguraría hasta 1919 y Toledo se la debe a Alfonso XIII. En el año 1856, solo ocho años después de la primera línea peninsular entre Barcelona y Mataró, el Gobierno otorga al Marqués de Salamanca la concesión de la línea Castillejo-Toledo. Las obras de la estación se iniciaron en octubre de 1857, siguiendo el proyecto del ingeniero Eusebio Page, y la reina Isabel II la inauguró al año siguiente.

La situación geográfica de Toledo obligó por un lado a que la línea no pudiera estar dentro de la planificación radial de los ferrocarriles, fue un ramal muerto de la que iba desde Zaragoza a Alicante, pasando por Madrid. Y obligó a que la estación estuviera en las afueras, en el barrio de Sana Bárbara. Era una estación pequeña y sencilla. Tanto, que en 1912 Alfonso XIII comentó a las autoridades locales y directivos del ferrocarril que era una lastima que una ciudad como Toledo, la «Atenas española», no tuviera una estación a la altura de su acervo arquitectónico. Ese mismo año la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA) inicia las gestiones para la compra de nuevos terrenos y en 1917, encarga  el proyecto de la nueva estación al arquitecto de la compañía, Narciso Clavería y Palacios, marqués de Manila.

Toledo, una estación histórica a la altura de la ciudadToledo, una estación histórica a la altura de la ciudadLa nueva estación. Un primer hito de Narciso Clavería en esta obra es que consigue con su diseño aunar los dos extremos de la concepción del edificio de viajeros, que desde el siglo XIX habían supuesto una constante polémica entre ingenieros y arquitectos: funcionalidad y estética. Representante de la tendencia historicista de la época, concibe una arquitectura neomudéjar llena de matices tanto cromáticos como materiales, sin dejar, pese a ello, de ser funcional y moderna. Desarrolla una planta sobre una superficie de 12.600 metros cuadrados, con elementos constructivos como el ladrillo, la piedra, el hierro y el cemento, materiales básicos que se conjugaron de forma notable para erigir un monumento de tal dimensión artística y arquitectónica. Su construcción fue asumida por el francés M. Hourdillée, por casi dos millones de pesetas. Artesonados, yeserías y zócalos son obras del ceramista toledano Ángel Pedraza, y el maestro forjador Julio Pascual Martínez cinceló la cerrajería, las lámparas y los apliques.

La estación se compone de un pabellón central flanqueado por dos alas laterales de menor altura, en uno de cuyos extremos se levanta la torre del reloj, otro punto rupturista puesto en marcha por Clavería. Se trata de un elemento arquitectónico reservado hasta entonces a iglesias y ayuntamientos, símbolo del auge y la importancia que estas edificaciones adquirieron dentro de las ciudades. De este edificio de viajeros sobresale una marquesina de hierro sostenida por delgadas columnas. A cada lado del pabellón central existen sendos adosados que continúan el estilo de la fachada principal, aunque son de dos alturas.

El conjunto se completaba con edificaciones menores como el muelle de la pescadería, el pabellón de urinarios y el transformador de electricidad, a los que alcanza el gran concierto de oficios del edificio principal y en los que se prolongan los arcos de herradura polilobulados y entrecruzados, los frisos de ladrillo, las almenas escalonadas, las armaduras de carpintería, los alicatados y las celosías que lo componen.

Toledo, una estación histórica a la altura de la ciudadToledo, una estación histórica a la altura de la ciudadArreglos. Esta estación es desde el 15 de noviembre de 2005 la que une Toledo y Madrid por medio de los trenes Avant en poco menos de media hora. Las tareas de rehabilitación requirieron un cuidado exquisito y una labor de recuperación casi artesanal. En su empeño de conservar el diseño original, especialmente en las obras relacionadas con el edificio principal. Así se desarrolló la rehabilitación de la marquesina original, el arreglo de las bajantes y faroles, la restauración de la carpintería interior y exterior, y la renovación de la torre de la estación y de su reloj original.  Asimismo, se recolocó la valla histórica de la estación, con su verja original, obra de Julio Pascual, que fue objeto de tareas de limpieza y restauración.

Toledo, una estación histórica a la altura de la ciudad
Toledo, una estación histórica a la altura de la ciudad
En 2016 se llevaron a cabo nuevamente obras de restauración tanto de cubiertas como fachadas y red de saneamientos.