Apareció Juan Estanislao López Gómez en la llamada sala capitular de verano, bajo las pinturas neoromanicas de Ángel Pedraza, para presentar su libro 'Cuatro Colegios de la Catedral Primada en el Siglo XVI. Clerizones, Seises, Colegiales y Criados de los prebendados'. Así de largo, así de amplio, así de sugerente. Es Juan Estanislao un hombre afable, siempre optimista, producto de la sabiduría del campo que él cultiva, aunque ya apenas exista. Es ese hombre siempre disponible para cualquier empresa altruista o cultural. Y ha escrito un libro que se relaciona con sus intereses profesionales y personales: la educación y la iglesia. En este caso la catedral que se prepara para fastos mayores.
La catedral de Toledo por siglos fue una gran industria de la fe y la religiosidad, la mayor detentadora de tierras de donde procedía la riqueza, la mayor empresa de trabajo, la mayor economía de los territorios peninsulares y la que mas inteligencia acumulaba. También la más soberbia, la más engreída y en ocasiones, la más humilde, la más humana. Contradicciones de la naturaleza humana. A su alrededor se movía otra parte de la humanidad que aspiraba a superar la pobreza y participar en los beneficios materiales de la iglesia y de su cercanía al paraíso. Pocos conocían entonces a Dante y sus críticas a la clerecía en La Comedia. Pero si se sabía de la condición humana y la necesidad que había de combatir la incultura entre aquellas poblaciones que trabajaban al servicio de la catedral. Había que ilustrar a esos muchachos que pululaban entorno a los rituales religiosos que funcionaban ininterrumpidamente. La catedral era un edificio abierto durante las veinticuatro horas del día. Era el santuario donde redimir los pecados, aminorar las penas, donde buscar confianza en una vida mejor y menos sufrida. Y hubo prelados y canónigos que se preocuparon por la educación y formación de aquellos jóvenes, los clerizones, los seises, los criados de los prebendados. Ayudaban en todo, cantaban en los oficios litúrgicos, contribuían al boato de unos ritos tan impactantes como misteriosos. Así surgirían varios colegios, distintas aulas casi siempre dentro de la propia catedral y, por voluntad del cardenal Silíceo, El Colegio de los Infantes o el Colegio de Doncellas Nobles. Todo esto y más lo cuenta Juan Estanislao en su documentado libro, editado por la Diputación de Toledo.