José Castro: acoso a un alcalde curtido en las Naciones Unidas

J.Moreno
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Trabajó en Centroamérica y África en la reconstrucción de países destruidos por la violencia. Más tarde, el exalcalde de Burguillos padeció por su cargo un reguero de amenazas e intimidaciones

José Castro: acoso a un alcalde curtido en las Naciones Unidas

José Castro aterrizó en Nicaragua en 1985, en plena guerra civil. Salvaje. Se topaba constantemente con muertos y temía las frecuentes emboscadas en los caminos. Había cumplido 25 años y encaraba su primera misión como trabajador de Naciones Unidas en la convulsa Centroamérica. «Me dejó muy marcado. Aprendí a ser prudente y a tener el miedo que había que tener. No más. Porque si no el miedo te paraliza y te vas. La vivencia de toda esa violencia, las muertes de esos jóvenes, las emboscadas a autobuses donde mataban a 15 o 20 personas, todo aquello me tenía impresionado», revive con su tono pausado habitual.

El exalcalde de Burguillos de Toledo y actual concejal en la oposición cumplió el 7 de enero 65 años. Justo una semana después, la Audiencia Provincial lo citó como testigo de unas graves amenazas contra él y un compañero del equipo de gobierno en 2019; fue solo un capítulo más de un reguero de intimidaciones por su cargo político local.

«Qué a gusto si lo hubiera matado entonces», espetó Tito el pasado martes durante el interrogatorio en la sala de vistas de la sección segunda. Se trata de un vecino de 75 años que pactó un año de prisión por un delito de atentado contra Castro, a quien amenazó de muerte el 13 de mayo de 2019.

José Castro: acoso a un alcalde curtido en las Naciones UnidasJosé Castro: acoso a un alcalde curtido en las Naciones Unidas - Foto: Yolanda LanchaLa frase 'Qué a gusto si lo hubiera matado entonces' recorrió como un escalofrío la sala de la Audiencia Provincial, donde la hija de José seguía la sesión. El destinatario aguardaba en el pasillo el turno de los testigos. Quizá durante esos minutos de espera repasó los episodios de violencia e intimidaciones vividos desde 1985. Ese año, hiló sus estudios de Sociología en la Universidad Complutense con su formación especializada en antropología social, estudios iberoamericanos y relaciones internacionales.

Castro concurrió a una convocatoria del Ministerio de Exteriores para trabajar en el extranjero con Naciones Unidas. Fue seleccionado y encadenó misiones por Centroamérica y África. Nicaragua se desangraba en una guerra abierta entre la Revolución Sandinista y la Contra financiada por Estados Unidos. En ese contexto, José cuidó durante un año de los asentamientos de campesinos desplazados por la contienda al norte del país y abasteció a embarazadas y niños.

José regresó brevemente a España y completó la tesis doctoral; precisamente, versó sobre los campesinos desplazados por la guerra en Centroamérica. Con una beca de estudios, regresó en 1992 a la región americana durante seis meses y recorrió El Salvador, Nicaragua y Guatemala. Y retomó después la conexión con Naciones Unidas; se embarcó con la Organización Panamericana de Salud en Guatemala.

«Hay que meter mucha perspectiva social para que una mujer rural en América Latina, analfabeta, entienda que no es un objeto, sino sujeto de su propia salud», explica sobre su cometido. Y apostilla:«Hay mucha sumisión, muchas violaciones. Niñas que a los 12 años son madres. Yo lo vi y esto sigue sucediendo».

José encadenó otra misión en El Salvador, seleccionado por el programa mundial de alimentos en ese país. Allí evaluó los proyectos millonarios para perfeccionar el abastecimiento de comida a la población. La intervención del exalcalde de Burguillos resultó decisiva, en 1995, para la subsistencia de la ayuda; defendió en Roma una inyección de 100 millones de dólares para el país centroamericano.

El resto de Centroamérica copió más tarde el modelo de El Salvador de asistencia alimentaria que capitaneó José. «Me sentí muy orgulloso de mi trabajo», reconoce. Y añade: «A veces, sólo la mera presencia internacional es una garantía para las partes en conflicto y, sobre todo, para la población civil. Cuando la gente se ha matado durante años, la presencia de gente de otros países es parte de ese nuevo tejido social. En conjunto, la presencia de Naciones Unidas la reivindico como buena».

Su agitada experiencia en Centroamérica, engordada también en 1999 tras el paso devastador del Huracán Mitch, lo instruyó sobremanera acerca de la vida. «Me ayudó a romper el maniqueísmo de buenos y malos. Trabajaba con gente de extrema derecha, por decirlo de alguna manera, y con los de extrema izquierda. Tuve que aprender a no ir con prejuicios ni con unos ni con otros. Trabajábamos para crear un tejido social distinto, nuevo. Salí de aquello siendo mejor persona», explica.

José regresó a España desde Guatemala en 2000 para el parto de su primera hija, Amanda Ixil, cuyo segundo nombre alude a una etnia maya de la región de Quiché, su último destino en Centroamérica. A los dos meses del nacimiento, el programa de alimentos de Naciones Unidas le ofreció viajar a Burkina Faso durante dos meses; más tarde, cumplió una misión parecida en Angola.

Castro se mudó a Burguillos por el trabajo de su pareja y se tituló como abogado. Encabezó en 2015 la agrupación de electores 'Ganemos Toledo' y venció las elecciones. «Yo ya tenía experiencia profesional en manejar recursos humanos, en manejar situaciones conflictivas y manejar fondos, dinero. Tenía una visión a medio y largo plazo, y mucha cintura. Me sirvió para pensar el pueblo mejor», señala.

El alcalde se encontró con un ayuntamiento endeudado y con carestías. Y un caldo de cultivo contra su gobierno. «En un pueblo pequeño como este, se arrastra desde el franquismo la división. En democracia no se ha hecho un trabajo de cultura democrática fuerte. Ha habido un problema añadido: las redes sociales», expone.

El juicio celebrado la semana pasada puso en el banquillo a un padre y a su hijo, que quedará absuelto según la conformidad alcanzada entre las partes. Precisamente, este último, Tito Pedro, desacreditaba a Castro en sus propias redes sociales, según detalla el exalcalde, que acusa al PSOE y al PP de «implicarse» en ese alud de insultos.

El caldo de cultivo de aquel 13 de mayo de 2019 juzgado en la Audiencia Provincial se alimentó con las malas formas en los plenos municipales y con las pintadas intimidatorias y ofensivas: 'Rojos hijos de puta' o 'Ya tienes dinero para irte de putas'. Ya fuera del cargo de alcalde, el 18 de julio de 2021, José aguantó la respiración con nuevas pintadas en la puerta de su casa: 'Muerte a los rojos' y 'Muerte al Puma (sobrenombre puesto en Burguillos a Castro)'.

«Se presionó tanto, que esta gente se considera con derecho a agredirte, a insultarte y a dar un bastonazo (el exconcejal de Urbanismo recibió un golpe en la frente ese 13 de mayo de 2019). Por un lado, es extraño que a estas alturas de civilización y democracia pasen estas cosas; por otro, tampoco tanto», medita. Que se lo digan a otros homólogos de Añover de Tajo, Menasalbas o Alcaudete de la Jara.