Javier López

NUEVO SURCO

Javier López


Ríos de agua bendita

02/04/2025

Nos ha dejado un mes de marzo totalmente pasado por agua, como muy pocos recuerdan por estos lares. En el sur de Castilla estamos acostumbrados al secano y con el cambio climático la aguas vienen torrenciales en forma de DANA, pero no sabemos si lo que ha ocurrido semanas atrás tiene que ver con el cambio del clima o simplemente ha sido un marzo que ha 'marceado' con ganas y a pulmón lleno por aquello de que «cuando en marzo mayea en mayo marcea». Veremos como viene mayo y, antes, abril, aunque lo haremos con las reservas de agua hasta arriba y unos embalses rebosantes.  Quedan algunos disgustos. Los talaveranos lo tienen con el derrumbe del puente viejo, que romano o no, es entrañable en su memoria ,como la cerámica o las viejas ferias del ganado.
Hemos visto al río Alberche salvaje y bravío como nunca lo disfrutamos los que amamos a este río desde que nos bañamos en él de niños, en algún recoveco de cine por el monte Alamín  o a su paso por Escalona, bajo el castillo imponente de Álvaro de Luna, el gran condestable de Castilla. De niño, en los días de verano pasados junto al Alberche, el caudal comenzaba a aumentar considerablemente en la tarde y los pequeños islotes de arena que quedaban en el medio y que servían de remanso solido para comer, tomar el sol o jugar a la pelota, se iban deshaciendo poco a poco ante la crecida del agua. Los padres nos decían: «niños, cuidado, que han abierto ya las compuertas»,  y uno imaginaba en algún sitio impreciso río arriba unos tremendos monstruos que  abrían su boca dejando salir torrentes de agua. Luego, de mayores, ya supimos que aquellas compuertas eran las del embalse de Picadas que en estos días de marzo ha tenido que desaguar a marchas forzadas como si de repente le hubieran inyectado una sobredosis de nuestras tardes de verano cuando el río crecía y se llevaba esa toalla que  alguno dejaba olvidada en el islote.
El Alberche es una criatura del Tajo de primer orden, más aún que el Manzanares que es afluente de afluente. El Manzanares desemboca en el río Jarama en Rivas, y el Jarama vierte su agua en el Tajo en Aranjuez, de manera que el Manzanares es, como siempre se dijo, un 'aprendiz de río' al que se le quiere generalmente por aquello de ser el de la capital de España o la ciudad de nuestros amores,  y en este marzo lo hemos visto como nunca, como si fuera casi un aprendiz de río Sena y hasta uno podía imaginarlo atravesado por uno de esos  'bateaux-mouches' en una noche romántica. En este mes de marzo hemos saboreado nuestros ríos, que en España no tienen las grandes dimensiones de la Europa más central, con gusto y con ganas; también con alarma porque disgustos, ya digo, ha habido irremediablemente.
El caso que este marzo de agua abundante nos deja bien provistos de cara al verano y deseosos de darnos buenos paseos en primavera con un verdor fuera de lo común en la meseta sur. En la cabecera del Tajo sueñan con un verano espectacular con actividades recreativas en los pantanos que llevaban años sin poder practicarse. En municipios como Sacedón se frotan las manos con Entrepeñas y Buendía en niveles históricos y la posibilidad de consolidar el turismo acuático como uno de  los grandes motores de la comarca. La despoblación tiene un nuevo enemigo a cuenta del agua abundante.
El Tajo va caudaloso. Cuando una observa su modesto nacimiento, no mucho más que un gran charco de ranas en medio de la sierra de Albarracín y apenas disimulado por el imponente monumento que lo señala, lo admira y lo quiere más porque caes en la cuenta que el Tajo es un auténtico milagro;  una maravilla cuando abraza la ciudad de Toledo. El Tajo llega estos días a su destino final en Lisboa lleno de vida gracias a esta abundancia de agua que nos ha regado despaciosamente  pero sin pausa durante casi veinte días en el marzo que más ha marceado de todos los que se recuerdan. Cosas que pasan en los tiempos últimos en los que vamos de sobresalto en sobresalto y también la naturaleza se ha aficionado a dejarnos sorpresas que nos parecían imposibles  en la década anterior: grandes nevadas, volcanes que entran en erupción y ríos que se ponen esplendorosos porque no para de llover ni un minuto. Esto de los ríos es la gran postal de un mes de marzo que se ha ido dejándonos algún contratiempo pero al final con un aroma casi de agua bendita que ahora queda almacenada por si lo que nos depara el futuro fuera una gran sequía. Veremos.