José Manuel Patón

LA PLUMA CONTRA LA ESPADA

José Manuel Patón


La presunción de inocencia

02/04/2025

Un precepto común en todas las Constituciones de los países demócratas del mundo, junto con el derecho a la igualdad y a la libertad de expresión, es precisamente nuestra querida presunción de inocencia. La propia existencia o el concepto de juicio tiene su pilar básico en la presunción de inocencia, pues si dicho principio no existiera, para qué un juicio. Si queremos aplicar la ley más dura, si queremos proteger a las víctimas de cualquier índole, incluyendo las de las agresiones sexuales, tenemos que empezar por hacer un juicio, es decir, alguien que acusa, alguien que defiende, y un juez, que para condenar a alguien debe estar convencido de su culpabilidad, y absolverlo en cualquier otro caso, tanto si está convencido de su inocencia como si tiene dudas. Las dudas siempre deben interpretarse a favor del reo y con aplicación del principio de presunción de inocencia. Sin él no hay juicio y sin juicio no hay justicia. Sabemos ahora, gracias a los medios de comunicación, que hay países que castigan a las personas sin juicio, incluso las llegan a colgar de una grúa porque se vistan en contra de lo que dicen los dirigentes. Siempre hubo y hay países que castigan sin juicio. Irán, Cuba, Venezuela, Corea del Norte, Nicaragua … y antaño la Alemania nazi o la Rusia de Stalin.
En el mundo democrático la presunción de inocencia es tan sagrada que hay un dicho que revela lo más importante de la justicia: es preferible que 10 culpables salgan absueltos que condenar a un inocente. Este principio pretende alejar el miedo de los jueces para absolver a alguien si no tienen una certeza absoluta de su culpabilidad. La duda implica absolución.
La Pasionaria en Alicante sin rubor en un mitin dijo: «Más vale matar a cien inocentes que dejar libre a un culpable». Esa es la otra versión de la vida. Los que pensaban así mataban y mataban a quien consideraban enemigos, y claro, lo de la presunción de inocencia les importaba un pito, así como también les importaba un pito la vida de los demás a los asesinos de ETA. Tampoco hacían juicios.
El juez tiene que obrar convencido y apoyándose en dicha presunción. Ojalá algún error de ese tipo les toque a quienes no creen dicho principio y siendo inocentes sufran la injusticia de ser condenados sin ser culpables. Entonces se acordarán. 
Si será fuerte el principio y estará tan convencida toda la Curia, que todas las asociaciones de jueces y fiscales de cualquier signo se han puesto de acuerdo para emitir un comunicado defendiendo la presunción de inocencia. Nadie debe olvidar a las víctimas, ni los jueces ni los abogados ni los fiscales. La sociedad debe apoyar siempre a las víctimas, pero para poder castigar al presunto autor de un delito, el juez tiene que estar convencido, y no hay otra.
Eso no obsta para que los jueces puedan equivocarse, pero los errores de los jueces los tienen que corregir los Tribunales superiores, y no la calle.