Miguel Romero

CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


Apátrida

10/03/2025

Empezaré mi columna con el término 'humillación', cuando sentirse humillado en sentirse borrado, confuso, indefenso, lleno de rabia, violado en su moral, machacado en su concepto de ser. Cómo puede una persona –aprovechando su poder omnímodo, inferido por un pueblo –más servilista, ruin y necio, que honesto, razonable y sensato- le confiere por medio de esos cauces que la legalidad democrática permite, humillar al contrario de una manera tan vil que ni siquiera esas razones socio-políticas que defienden la libertad, han sabido criticar. Y eso, que es habitual en la gente que suele utilizar la mala fe como axioma de trabajo, aparece demasiadas veces en nuestro contexto social actual, y lo hace apoyándose en esa pérdida de valores tradicionales que han definido siempre la dignidad y el respeto. Me preocupa y mucho, los caminos que nuestro mundo parece estar siguiendo, tal vez, más imbuido de la insensatez generada por el odio, la envidia y la soberbia.
Y seguiré con otro término –desgraciadamente más de modo en estos tiempos de ahora-, 'apátrida', en base a las circunstancias tan repetitivas que se están dando en todos los continentes del mundo. Un apátrida es ese ser humano que no es reconocido por ningún país como ciudadano en base a su legislación. En un mundo donde deberíamos caber todos en la misma igualdad, con los mismos derechos en función de nuestros mismos deberes; algo incomprensible que suceda en un siglo XXI, moderno socio-culturalmente hablando, inmenso en el proceso tecnológico, maravilloso en los valores turísticos aunque, eso sí, miserable en la aplicación de esos valores morales que definen o deberían definir la razón humana.
Y así de sencillo es. Hay humillación constante, a nivel de altos poderes (gobiernos, multinacionales) como a nivel de humildes relaciones (en el trabajo, en las relaciones de pareja, en los contextos culturales, en las relaciones sociales…) y crecen los apátridas como consecuencia de las migraciones obligadas por guerras, hambrunas, religiones, negocios, etc., provocando entre nosotros inseguridad, incertidumbre, desmotivación, desamor, desencuentro, amoralidad y frustración.