En las relaciones personales, existe en los individuos un mecanismo de defensa que consiste en proyectar en los demás la propia culpa derivándoles la responsabilidad de los actos propios. Esto, que en el plano personal puede derivar de un conflicto interior marcado por el narcisismo, en el plano de la política se trata de una estrategia de manipulación psicológica mediante la negación de hechos evidentes, la desinformación deliberada, las acusaciones infundadas, la proyección de la propia culpa y los cambios frecuentes de postura. Todo destinado a sembrar insidiosamente la duda entre los ciudadanos para cuestionar la realidad objetiva y socavar la confianza en la información verdadera, con grave amenaza a la integridad de la democracia.
Esta es la única explicación racional que podemos encontrar al hecho de que el partido que hoy nos gobierna consiga todavía el 28 % en las últimas estimaciones de voto, superando todavía por mucho el voto de parientes y amigos, que debería ser lo normal si atendiéramos exclusivamente a las imputaciones judiciales de la esposa, el hermano, el fiscal, el ministro, la asesora y el conseguidor, así como la evidente colonización de las instituciones, los decretazos, la imposibilidad de aprobar los Presupuestos, la concurrencia de lo que significa Puigdemont, Bildu, las señoritas de compañía y la cocaína. La impunidad se consigue mediante la negación de hechos evidentes y las narrativas inventadas, generando de este modo divisiones profundas en la sociedad, confusión, hartazgo y escepticismo de los ciudadanos para exigir la rendición de cuentas a los chorizos.
Todo ello mediante el control de los medios de comunicación, buscando respuestas emocionales en la audiencia con el fin de influir en su percepción. Aquí llegamos a la falacia 'ad populum' consistente en argumentar que algo es cierto, correcto o válido simplemente porque un gran número de personas lo cree. La validez de una afirmación no deriva de la realidad que la sustenta, sino de su popularidad. Si todos creen que es injusto que imputen a la esposa, al hermano, al fiscal, al ministro, a la asesora y al conseguidor, debe ser verdad que es injusto.
Se trata de sustituir la evaluación crítica de las evidencias por un argumento emocional que se apoya en la percepción de consenso o aceptación masiva. La trampa radica en el deseo humano de pertenecer a un grupo, de sentirse validado por las creencias compartidas y el temor de ser considerado el diferente o el equivocado. Una herramienta que se utiliza para manipular; el objetivo no es necesariamente buscar la verdad sino convencer a los ciudadanos y obtener su apoyo mediante el miedo y el orgullo de pertenencia de quienes tienden a buscar la aprobación social de su grupo.
¡Todavía un 28 %!