Inca Garcilaso de la Vega. Mestizo, soldado, escritor

Arx Toletum
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En la actual exposición temporal del Museo del Ejército, 'Blancos, Pardos y Morenos…', no podía faltar la figura del soldado, escritor y cronista considerado ejemplo de hermanamiento entre pueblos y padre de las letras americanas

Inca Garcilaso de la Vega. Mestizo, soldado, escritor

En la exposición temporal 'Blancos, Pardos y Morenos…', no podía faltar la figura del soldado, escritor y cronista Inca Garcilaso de la Vega, considerado ejemplo de hermanamiento entre pueblos y estandarte de la unión entre culturas por su encendida defensa de un mestizaje del que él mismo era fruto.

Nació Gómez Suárez de Figueroa, pues ese fue su nombre de bautismo, en Cuzco en 1539, hijo del capitán español Santiago Garcilaso de la Vega y de la princesa inca Isabel Chimpu Ocllo. Esa fusión le proporcionó una formación bilingüe y bicultural. Aprendió de su madre el quechua, lengua vehicular para el aprendizaje de toda la tradición inca que posteriormente plasmaría en su obra, y a esa parte indígena sumaría los estudios en el Colegio de Indios Nobles de Cuzco. 

Tras la muerte de su padre, en 1560 viajó a España para continuar con sus estudios y tras un periplo por varias ciudades peninsulares se instaló en Montilla (Córdoba), bajo la protección de sus tíos Alonso de Vargas y Luisa Ponce de León, que sin descendencia le nombrarían heredero. Viajó varias veces a la corte para solicitar una pensión como reconocimiento a los méritos de su padre, pero fue rechazada su demanda por la connivencia del capitán Garcilaso con Gonzalo Pizarro que encabezó la rebelión de los encomenderos contra la Corona. Este fracaso le sirvió de acicate para restituir el nombre del padre, sirviendo a la Corona en distintas campañas, entre ellas la guerra de la Alpujarras, donde alcanzó el mismo grado que su padre, capitán.  Su obsesión con la figura paterna le llevó a firmar a partir de 1563 como Garcilaso de la Vega, nombre al que acabó anteponiendo el apelativo de 'Inca' como muestra de orgullo por sus dos herencias culturales.

Poco a poco la pasión por las letras le irá ganando, hasta dedicarse por entero a ello, primero como traductor y después como cronista. Su obra más conocida es Comentarios reales, dividida en dos partes. La primera, Historia general del Perú, se publicó en Lisboa en 1609 y la segunda, Comentarios, vio la luz un año después de su muerte.

Falleció Garcilaso en Córdoba en 1616 reposando sus restos en la Capilla de las Ánimas de la catedral cordobesa. El 25 de noviembre de 1978, el Rey Juan Carlos viajó a Perú y depositó, en la catedral de Cuzco, una arqueta con parte de las cenizas del Inca Garcilaso de la Vega como gesto y símbolo de hermanamiento entre dos países y dos culturas.

Garcilaso de la Vega, considerado por algunos críticos como el padre de las letras americanas, es sin duda el prosista más destacado de las letras hispanoamericanas de la edad moderna.  Con pluma magistral y buenas dotes de historiador recreó los diferentes aspectos del antiguo Perú, siempre con un espíritu integrador, capaz de fusionar a indios, mestizos y blancos. Su importancia como escritor y cronista radica en ese origen mestizo que reivindicó con orgullo. El mismo se proclamaba mestizo «a boca llena» en un momento en el que «en Indias si a uno le dicen que es un mestizo lo toman por menosprecio». Garcilaso solo se puede entender como síntesis de dos mundos diferentes: el incaico y el español.