Con un «viva Consuegra y viva el cine español» recogía Carlos Valle el Goya al mejor cortometraje documental por 'Semillas de Kivu', que codirigió junto a Néstor López. Su trabajo ha acercado la desconocida realidad del grupo de mujeres que llega hasta el hospital de Panzi, en el Congo, después de haber sido violadas en grupo por las guerrillas de la zona que dominan los recursos minerales. Su tratamiento psicológico antes de la reinserción las enfrenta al dilema de aceptar a los bebés que han dado a luz tras las violaciones, encontrando en la cuestión de la maternidad una manera de resistir.
El trabajo fue muy peligroso. Las cinco personas del equipo se desplazaron al Congo vestidos de misioneros y con el material oculto, jugándose la vida para hacer el rodaje. «No sé si es valor o es amor por el cine», apunta Valle, «pero la verdad es que estamos muy orgullosos de haberlo hecho».
Porque de esta forma, el documental está poniendo su granito de arena para dar a conocer una situación «que desgraciadamente no se conoce en el mundo y espero que eso cambie a partir de ahora».
Se trata, apunta el director de un documental calificado para mayores de 16 años, pero más allá, «hay que verlo, porque a pesar del horror y a pesar del drama que narramos, también hay lugar para la esperanza, hay lugar para la belleza, y yo creo que cuando la gente lo ve les hace mejores personas. Creo que es obligatorio verlo, no solo por la experiencia cinematográfica que supone, sino también por la lección de vida y la toma de conciencia de lo que pasa allí, que producen las personas».
Ahora el corto entra en la carrera de los próximos Óscar, aunque eso sea más complicado. De momento su próximo paso será su presentación en Bruselas, en el Parlamento Europeo, en mayo.
Toledano de Consuegra. Valle nos atiende desde Cuenca, donde es profesor de las facultades de Bellas Artes y de Comunicación, y donde ha acudido, Goya en mano; le han pedido que lo enseñe. También lo ha querido compartir con sus compañeros en el lugar, recuerda, donde se formó «y tenía que traerlo».
El otro lugar donde se han alegrado sobremanera de este Goya no podía ser otro que Consuegra, localidad del cineasta, donde sigue viviendo «y siempre vuelvo a mi pueblo y a mi gente», apunta convencido de que va a seguir viviendo allí.
Tras este primer Goya con su segunda nominación, en el año en el que la productora Auntie Films, Valle espera seguir en la misma línea, «intentando contar historias que no solo conmuevan a la gente, sino que también las mueva a ser mejores personas». Pero será ya pensando a lo grande, en un largometraje, en este caso, de animación.