Los toledanos que se jugaron la vida por el Cine

J. Monroy
-

El fotógrafo toledano Pepe Castro ha sido el productor de 'Semillas de Kivu', el corto ganador del Goya, rodado en medio de la guerra del Congo

Los toledanos que se jugaron la vida por el Cine - Foto: Yolanda Lancha

Dentro del hospital de Panzi donde hicieron el rodaje estaban seguros, «pero fuera sí había miedo, incluso por la noche cuando íbamos a dormir. Éramos conscientes todos de que allí podía entrar cualquiera y se acabó. Estuvimos totalmente de incógnito intentando que nadie supiera que allí había un grupo de cinco cineastas con equipo». Así lo explica el toledano Pepe Castro, productor cortometraje documental ganador de un Goya 'Semillas de Kivu'.

Pero lo peor, continúa el toledano, era escuchar los testimonios de las mujeres de primera mano, «porque una cosa es sabe lo que pasa allí, y otra que cualquiera de esas mujeres te cuente cómo han matado a la gente de su poblado, la han estado violando durante un mes, delante de su marido, cómo han matado a su marido delante de ella y la seguían violando con el cuerpo allí durante días y se han llevado a sus hijos... aquí no podemos concebir que eso ocurra y sin embargo allí una mujer te lo cuenta con esa cara de tristeza y mirada perdida en el infinito». Además, la poca gente que quede viva que la pueda conocer las aparta como parias por haber sido violadas, y en muchas ocasiones tienen que vivir con bebés fruto de violaciones.

El Congo es un país «que siempre está en guerra», desde hace treinta años, y donde los guerrilleros utilizan la violencia sexual contra las mujeres como arma de guerra para destruir familias y poblados y poder vender los recursos naturales como el coltán. En este imposible escenario trabaja el premio Nobel de la Paz Denis Mukwege, ginecólogo, protagonista del documental cortometraje 'Semillas de Kivu', ganador del último premio Goya.

Goya toledano. Dos toledanos y una alcarreña han sido fundamentales en la creación de esta obra. Pepe Castro, productor, autor de la fotografía fija y otras tantas cosas más, que junto al director de Consuegra Carlos Valle y la productora de Guadalajara Pilar Sánchez han puesto el acentos castellano-manchego a los Goya.

A Pepe Castro se le conocía hasta ahora en Toledo como fotógrafo. Aunque lo del cine le viene de familia, su abuelo fue director de fotografía a mediados del siglo pasado y fue el cámara que rodó 'Bienvenido Míster Marshall', nunca se había podido acercar a este arte por falta de tiempo. Hasta que llegó el confinamiento de la pandemia y aprovechó para escribir un par de guiones.

El primero, 'Parking', gustó a la productora de Néstor López, con la que Castro ya estaba trabajando en otras cosas. Así se estrenó en 2022 como guionista, director y productor. Con su primer trabajo consiguió 18 selecciones en festivales nacionales e internacionales. Colaborando con la misma productora, hizo otro corto. Hasta su segundo 'trabajo serio', 'Semillas de Kivu', «y de repente estamos nominados a los Goya y de repente ganamos un Goya».

Como fotógrafo, Pepe Castro tiene un proyecto por el que se está entrevistando con premios Nobel de la Paz, de ahí su sobrenombre de 'El Fotógrafo de la Paz'. Así ha estado con siete premiados en diferentes países. De forma que le comentó a Carlos Valle la posibilidad de hacerlo a nivel audiovisual. Junto a Néstor López se les ocurrió centrarse en un único premio Nobel, que aquel año recayó en el médico congoleño Denis Mukwege, el ginecólogo que trata a las mujeres violadas en la guerra. Ellos comenzaron sin saber nada de él y comenzaron a investigar su trabajo y lo que pasaba en el Congo. Entonces comenzó una labor de preproducción muy muy complicada de la mano de la alcarreña Pilar Sánchez en un país que lleva treinta años en Guerra.

A la postre, cinco personas se desplazaron hasta Kivu. Sabían que en el fondo se estaban jugando la vida en un país en guerra. En el interior del hospital donde hacían su trabajo estaban seguros, pero en el momento que ponían un pie en la calle o iban a dormir, podían ser objeto de un ataque de la guerrilla. Cámaras y micrófonos estaban ocultos en el exterior, bajo las chaquetas. Y para bajar las posibilidades de que les atacaran iban disfrazados de misioneros «porque en un viaje anterior bajo el amparo de Mensajeros de la Paz nos dimos cuenta de que los misioneros y las monjas eran mucho más respetados». Aunque eso no les evitaba tener que pagar sobornos ante cualquier problema.

Y llegó el premio. Después de todo aquello, llegó la nominación a los premios Goya y una noche maravillosa en Granada. El equipo de Semillas llegaba «muy seguros de que lo que teníamos era un gran trabajo y un documental, a nuestro juicio como creadores, con un peso específico más grande que los demás, aunque me imagino que todos pensarían lo mismo de los suyo». Iban, por lo tanto, muy confiados con su trabajo, apunta Castro, por un tema tan profundo a nivel mundial, sobre los derechos humanos, por la calidad de las imágenes, lo complicado del rodaje y su producción en el Congo con el equipo escondido. Pero no sabían lo que iba a pasar, porque quien vota es la Academia y cada uno tendrá sus varemos.

Llegó el momento, se leyeron los nominados, y abrieron el sobre con el ganador. Le bastó al equipo escuchar las primeras letras del título, «sem...», para saltar de alegría. Tras aquello, Castro recuerda una noche «increíble», un evento glamuroso, con la alfombra roja. Era su primera nominación y ya tiene su Goya, del que pedirá copia a la Academia.