Toledo, año 1449, su alcalde, Pedro Sarmiento, proclama la llamada «sentencia-estatuto» por la que se impide a los conversos el acceso a cualquier cargo u oficio público del municipio. En el año 1485, mueren en la hoguera varios frailes jerónimos de origen converso que, refugiados en el Monasterio de la Sisla, judaizaban en secreto. Este hecho va a ser uno de los detonantes para que, en 1496, el papa Alejandro VI emita una bula aprobando los estatutos de limpieza de sangre de la orden Jerónima, poniendo fin a la controversia existente durante toda la segunda mitad del siglo XV sobre lo estipulado en dichos estatutos.
Con estos precedentes, algunos casi coetáneos con el descubrimiento, es fácil inferir que los principios que regían los estatutos de limpieza de sangre pronto van a ser traspuestos a la incipiente sociedad del 'nuevo mundo', estableciéndose protocolos para el acceso a las distintas instituciones coloniales basados no en la ascendencia religiosa, sino en la pureza del linaje.
El resultado final va a ser la aparición del denominado sistema de castas; es decir, una estratificación de la sociedad en la que la proporción de 'sangre pura', sangre española, va a determinar el lugar ocupado en la pirámide social.
Así, y más allá de los pilares fundamentales que constituyeron el mestizaje -blancos, indígenas y negros-, las categorías básicas de castas estaban integradas por los peninsulares o españoles, los nacidos en España que se ubican en la cúspide, ostentando el poder político, económico, militar y religioso; los criollos, hijos de españoles nacidos en América con los mismos derechos que sus progenitores salvo el poder político, circunstancia que dará lugar a que en los movimientos independentistas muchos insurrectos pertenezcan a esta casta; los mestizos, descendientes de español e indígena, no tenían los privilegios de los españoles pero tampoco tenían que pagar el tributo de los indígenas; y los mulatos, hijos de español y negro, al contrario de los mestizos, los individuos con sangre negra no tenían posibilidad alguna de ascender socialmente.
A partir de las castas anteriores, el árbol de los posibles cruces es inmenso, dando lugar a la aparición y utilización de una gran cantidad de términos para designar a otras castas: castizo, hijo de español y mestizo; español, hijo de castizo y español; morisco, hijo de mulato y español; albino, hijo de morisco y español; zambo, hijo de indígena y negro; zambo prieto, hijo de negro y zambo; cholo, hijo de indio y mestizo; chino, hijo de indio y mulato; apiñonado, hijo de mestizo y mulato; galfarro, hijo de mulato y negro; etc.
En la nueva exposición temporal del Museo del Ejército que lleva por título Blancos, pardos y morenos. Cinco siglos de americanos de España en el Ejército se puede contemplar el cuadro Pintura de castas con la imagen de la Virgen de Guadalupe de Luis de Mena que, al igual que otros muchos cuadros del siglo XVIII, trata de representar la diversidad y riqueza del mestizaje en que se estructuró la sociedad americana.