En la mañana del sábado 22 de marzo se vio a los bomberos sobre el Puente Viejo, cerrado desde 12 días antes al paso de peatones. La imagen, como muchas de las que se sucedieron en esa jornada, queda para la intrahistoria del día en el que colapsó el Puente Viejo. Eran algo más de las doce y media de la noche del sábado cuando la noticia corrió como la pólvora. También el vídeo grabado por uno de los talaveranos que a esa hora se encontraban en la ribera. Hasta ese momento, el espectáculo era el río Tajo, que llevaba un caudal de 1.400 metros cúbicos por segundo, en el pico de una crecida que se extendía ya durante dos semanas.
-«Jefa, el puente se ha caído.
-¿Estás de broma?
-No, no, literalmente, el puente se ha caído».
Es la conversación que mantienen minutos después del colapso del puente, el subinspector de la Policía Local que estaba como jefe de turno esa noche y la intendente, Tania de Torres, con poco más de un mes en el cargo. Se lo trasladó de inmediato al alcalde, José Julián Gregorio, que recibe atónito la noticia: «En un primer momento no sabíamos el alcance de lo que se había llevado el río», relata a La Tribuna, mientras sostiene que, en ningún momento se pudo ver venir ese desenlace.
Entre los puntos sensibles por la crecida del río Tajo que se habían detectado, no estaba el Puente Viejo, pero tampoco parecía en los cálculos que se llegara al caudal que se alcanzó. «El Plan de Riberas está preparado para casi tres millones de litros por segundo, puede que algo menos por la sedimentación que ahora tiene el río», explica el alcalde. A la vista de lo ocurrido, el Puente no estaba preparado ni mucho menos para eso: «Ahora ya sabemos que si el río vuelve a tener ese caudal puede ser muy peligroso», aprecia Tania de Torres en conversación con La Tribuna.
El colapso del Puente Viejo derrumbó dos tramos y dejó una parte desprendida en medio de la corriente. Un foco de la Policía Local puso luz a los pocos minutos a la oscuridad que el derrumbamiento causó, al afectar a la iluminación artística del monumento, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 2021. «Fue una noche tremenda, no sabías si iba a ir a más, si iba a continuar cayéndose, si iba a afectar de alguna manera a la estructura del otro puente», relata la jefa de la Policía Local.
Que el derrumbamiento siguiera era uno de los escenarios que se barajaron y que todavía, a falta de inspeccionar la estructura, no se dan por descartados. «Habíamos cortado el Puente Viejo, porque ahí choca con mucha fuerza siempre la corriente y no queríamos que hubiera gente haciendo fotos o paseando por ahí. Intentamos por todo los medios cuidar la seguridad de los ciudadanos ; también se suspendió la carrera homologada del fin de semana», señala el alcalde.
Al desconcierto por la caída de uno de los monumentos más simbólicos de Talavera se unió en las primeras horas el control de centenares de personas que empezaron a acudir a la ribera en plena noche y en un escenario incierto. Unos catorce agentes policiales, más los que estaban prevenidos por si era necesaria su intervención, y efectivos de Protección Civil se desplegaron en la zona hasta las cuatro de la madrugada, para regular el tráfico y controlar que nadie se acercara a ninguno de los dos accesos del Puente: «Hubo que cortar el tráfico en la ronda del Cañillo, porque la gente se paraba a verlo dejando los coches tirados por cualquier sitio para echar fotos».
Cuatro coches llegó a retirar la grúa por esta razón, mientras se establecía un perímetro de seguridad para impedir el acceso, que se fue agrandando el domingo y el lunes, ante la llegada de miles de personas a la zona. En la margen izquierda del Puente, junto al Kiosco Puente Romano, Protección Civil frenó a curiosos que se acercaron, a pesar de que ese acceso al Puente Viejo llevaba también días cerrado.
La noche del sábado fue larga para un día que había empezado muy temprano. El aumento de caudal, tanto en el Tajo como en el Alberche, mantuvo en vilo a la ciudad, especialmente desde el viernes, cuando empezó a ser patente que la crecida entraba en un estadío de peligro. Se miraba al Tajo, por los barrios de El Paredón y Puente Romano, a la Portiña, a los arroyos y al Alberche, el que históricamente ha generado los mayores problemas, llegando a inundar el Hospital. A lo largo del sábado, a medida que los ríos seguían subiendo, se facilitó la salida de la urbanización de La Órbiga y se atendieron llamadas de casas, parcelas y explotaciones anegadas. por el agua. En diversos puntos, los bomberos del Consorcio Provincial de Extinción de Incendios tuvieron que intervenir fundamentalmente para rescatar animales que habían quedado aislados y a merced de la subida de las aguas.
El domingo 23, la situación alcanzó la máxima tensión: «Yo visité el paredón de Los Frailes y te puedo asegurar que tocaba con la mano el agua que pasaba», señala Gregorio. De Torres precisa que el agua llegó a estar a un metro y medio de distancia de las viviendas más próximas. En 24 horas se había acercado un metro, según la monitorización que se mantuvo de forma continúa, tanto con el dron de la Policía Local como por los propios agentes y el dispositivo de emergencias al completo.
Estaban preparados los polideportivos Puerta de Cuartos y Primero de Mayo, para la acogida si era necesario hacer desalojos en Talavera o en los municipios vecinos, pero también los autobuses urbanos para la gestión de los traslados y los catres que habría que haber dispuesto para pasar la noche.
«En todo momento estaba monitorizado y controlado, estaban activadas ya todas las previsiones por si era necesario sacar a la gente, con todo lo que fuera necesario», asegura la máxima responsable policial. También el alcalde, que se encargó de informar a la oposición y a los vecinos, y de acudir a las reuniones del CECOP y del CECOPAL, en las que se fue poniendo al día la situación: «Lo teníamos preparado, es decir, para esa subida, que fue la que fue, ya estábamos preparados, todos en alerta, por si había que hacer evacuaciones», explica.
Gregorio ha insistido estos días en destacar la entrega y la coordinación de todo el operativo: Policía, Protección Civil, Bomberos, emergencias de la Junta, Aqualia, AEMET, CHT... «Tengo que agradecer su trabajo sobre todo a la Policía Local, a Protección Civil, pero también el apoyo que hemos tenido de los bomberos de Diputación, de la Policía Nacional, para cuidar algunos barrios porque a lo mejor la Policía Local tenía que estar en otro sitio o a Cruz Roja, que también ha ofrecido todo lo que tenía para ayudarnos».
Las horas más críticas fueron desde la mañana del sábado hasta bien entrada la del domingo, cuando en plena conmoción por lo ocurrido la crecida no acaba de alcanzar su techo. Ni en Talavera ni en muchos municipios de la ribera del Alberche se pudo empezar a respirar algo de tranquilidad hasta bien pasadas esas horas cruciales.
Para el análisis técnico de los daños del Puente Viejo falta todavía tiempo, hasta que el descenso del río lo permita. El 24 por la mañana se pudo a ver a dos operarios sobre el Puente Viejo. No eran técnicos, como se barajó en algún momento, si no electricistas que retiraban el cableado de la iluminación.
El alcalde de Talavera, con los compromisos de los gobiernos central, regional y provincial expresados en las primeras horas del derrumbe, le pone fecha a un hipotético inicio de la rehabilitación, que él reclama integral: «A mí me gustaría que este verano ya se comenzara a hacer las primeras actuaciones». Una fecha para poner a prueba la urgencia declarada por las administraciones implicadas.