Oscuridad y silencio para el Cristo de la Espina

La Tribuna
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La lluvia concedió una tregua en la salida de la Procesión del Silencio y la imagen del Santísimo Cristo de la Espina, pero apareció una vez cruzado el puente y hubo que acelerar la llegada a La Colegial

Oscuridad y silencio para el Cristo de la Espina - Foto: Manu Reino

Las previsiones meteorológicas no ayudaban a tomar la decisión final. Lluvia durante casi todo el día y fuertes rachas de viento hicieron pensar que la balanza se decantaría por la suspensión de una de las procesiones más bellas de la Semana Santa talaverana. Sin embargo, y tras comprobar que a la hora de la misma el cielo anunciaba una tregua, la Cofradía del Santísimo Cristo de la Espina determinó con valentía sacar su paso a la calle para alegría de los fieles. El viento fue entonces el principal riesgo a batir, en una noche desapacible en la que la lluvia volvió con fuerza una vez alcanzada la Ronda del Cañillo.

En la noche del Miércoles Santo predominan los momentos marcados por la seriedad, la sobriedad y, sobre todo, el silencio. Es la noche en la que el Santísimo Cristo de la Espina, con rostro cansado, cubierto de sangre y demacrado, refleja en las oscurecidas calles del recorrido procesional el intenso sufrimiento que experimentó Jesucristo cuando fue clavado en la cruz.

Desde el colegio Madre de la Esperanza, al otro lado del río Tajo, la noche se ilumina tímidamente con la salida del paso. Las luces anuncian el inicio de la procesión, que se acerca por el Puente Viejo ante la emoción y respeto de los que esperan al otro lado.

Oscuridad y silencio para el Cristo de la EspinaOscuridad y silencio para el Cristo de la Espina - Foto: Manu ReinoUna vez en marcha, la talla del Cristo de la Espina desfiló a paso lento y seguro por el puente, únicamente iluminado por las velas y cirios de cientos de cofrades, ataviados con túnicas negras marcadas con una gran cruz blanca en el pecho y ceñidas con un cinturón de esparto.

La imagen habla por sí sola. Observar la imponente talla de la segunda mitad del siglo XVIII elaborada por el artesano imaginero José de Zazo y Mayo, cruzando las aguas del Tajo, en la casi total oscuridad, es una de las estampas más impresionantes de la Semana Santa de Talavera, que cada año gana en calidad en sus actos.  

El paso, portado a hombros por una veintena de penitentes y escoltado por varios mandos de la Guardia Civil, estaba cubierto de elementos florales que destacaban aún más por los cuatro faroles en cada una de las esquinas del paso donde se alza la figura de Jesucristo crucificado.

La procesión llegó a la otra orilla del Tajo, en Ronda del Cañillo, pasada la media noche. Desde ahí, y ya con todos los fieles acompañando al paso, el Cristo de la Espina enfiló el camino hacia La Colegial sin pasar por las Murallas. La noche no daba para arriesgarse por el trayecto habitual y hubo que acortar el recorrido. La cofradía resguardó la talla con un plástico ante la fuerza que tomaba la lluvia, pero el viento tampoco lo puso fácil. La recompensa  a la accidentada llegada a La Colegial fue la ovación de los presentes, para una procesión que había conseguido salvar las adversidades.